VI VERI VENIVERSUM VIVUS VICI



dimanche 4 novembre 2007

Gobierno amenaza soberanía masónica


LA HABANA, Cuba - 31 de agosto (Juan Carlos Linares Balmaseda / www.cubanet.org) - El pasado 2 de agosto la jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba, señora Caridad Diego, citó a su despacho a un alto funcionario del Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba.

Entre otras cuestiones, la señora Diego abordó el tema de las elecciones en ese cuerpo masónico, dispuestas para enero de 2008, y amenazó con romper todas las relaciones del gobierno con el Supremo Consejo si era electo al cargo de Soberano Gran Comendador el señor Gustavo Pardo Valdés, quien actualmente ocupa el cargo de Gran Canciller Secretario General, además de ser el Presidente de la Academia Cubana de Altos Estudios Masónicos de la Gran Logia de Cuba, y un investigador de la historia de la masonería.

Diego alegó que Pardo es un enemigo declarado de la revolución, que asiste y ayuda a los presos "contrarrevolucionarios", que tiene grandes vínculos con funcionarios de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba y no se descarta un proceso legal en su contra.

"Romper todas las relaciones del gobierno con el Supremo Consejo podría implicar que nuestro cuerpo masónico se convierta en una organización ilegal y sus bienes sean incautados", fundamentó el señor Pardo.



Fuente:
http://www.cubanet.org/CNews/y07/ago07/31a1.htm

La Columna del Norte – S.·.V.·.

Junto con el V.·. M.·. los dos VV.·. representan las T.·.L.·. de la Log.·. masónica, las columnas que la sostienen, los encargados de dirigir y ordenar los trabajos. Las columnas vinculan al V.·. M.·. con la Sabiduría o pensamiento que dirige, al P.·. V.·. con La Fuerza o energía moral que la ejecuta y al S.·. V.·. con la Belleza o armonía de las fuerzas mentales, la concordia entre el pensamiento y la acción. La colocación de los VV.·. está en relación con el simbolismo cósmico del T.·.. El P.·. V.·. y S.·. V.·. forman los dos ángulos de la base del triángulo que dirige el taller. En el R.·. F.·. M.·., el P.·. V.·. se sienta a la derecha al entrar, al lado de la columna "B" y el S.·. V.·. está a la izquierda, al lado de la columna "J". Las T.·. L.·. portan el Mallete de "mando" con el que se marcan el tiempo de los trabajos.
El S.·. V.·. se coloca a occidente frente a oriente a la cabeza de la columna del norte desde donde vigila a los AApr.·. Entendemos vigilar como velar por ellos, atenderlos cuidadosamente estando despierto o en vela a sus requerimientos y trabajo. Según proclama el ritual tiene años de edad, la misma que el Apr.·. La edad masónica nos recuerda el tiempo que en la antigüedad se tenía en observación a los candidatos antes de admitirlos en los trabajos y marca simbólicamente el nivel de conocimiento de cada hermano. La edad Masónica se divide en dos: edad en la Orden y edad Simbólica. La edad en la Orden se cuenta desde la fecha de la Iniciación de Apr.·. y la edad simbólica varía en cada Rito y en cada Grado.
El S.·. V.·. es el que indica al V.·. M.·. la hora de la apertura de los trabajos y el que invita a los HH.·. de su columna a unirse a las T.·.L.·. para abrir los trabajos en grado de Apr.·. Su primer deber es el asegurarse de que la Log .·. esté debidamente cubierta cuando en la apertura se comprueba ritualmente la "seguridad" o "protección" de la misma de las influencias procedentes del mundo exterior o profano. Su segundo deber es asegurarse que todos los HH.·. presentes son miembros del taller o visitantes reconocidos. En el R.·. F.·. M.·. los VV.·. recorren las columnas armados con sus malletes para verificar si todos los presentes son masones haciéndolos colocar al O.·..
Es guardián y con¬servador del Orden y del Silencio de su columna. Repite y transmite las órdenes del V.·. M.·. y mediante golpe de mallete tiene la facultad de pedir directamente la palabra al mismo. Regula el uso de la palabra de los HH.·. a su cargo y si alguno lo ha¬ce sin su consentimiento impondrá silencio con un golpe de mazo advirtiendo que ha de pedirse permiso y sólo el V.·. M.·. tiene derecho a concederlo. Indica la hora de cese de los trabajos y pide a la columna del septentrión unirse a las T.·. L.·. para cerrar los trabajos y extender las verdades que se hayan adquirido, hacer respetar a la Orden con la práctica de la virtud y a trabajar permanentemente hasta conseguir una humanidad mejor y más lúcida.
La J.·. del Segundo Vigilante es la Pl.·., que es símbolo de rectitud, y también de templanza, deber, invariabilidad, justicia, honradez, coherencia, honestidad e integridad, cualidades todas del masón ideal. A la Pl.·. se la relaciona con el deber. Su función consiste en evitar desviaciones marcando la rectitud indispensable, la verticalidad, y es la que utiliza el vigilante para “aplomar” la calidad del trabajo del Apr.·. proponiendo aumentos de salario.


La Cámara de Instrucción del grado constituye el principal ámbito de aprendizaje masónico para el Apr.·. en ella se encontrará en diálogo directo con el S.·. V.·. que asume una gran responsabilidad al orientar los primero pasos del neófito. La misión principal de la docencia de la S.·. V.·. consiste en disponer a los HH.·. para su vida masónica y la fraternidad en la Orden, en preparar hombres y mujeres instruidos que conozcan adecuadamente los fundamentos de la Masonería y en educarlos en el respeto a sus principios, que se han consagrado siglo a siglo en la noble tarea de formar a individuos cultos, solidarios, fraternales, tolerantes, amantes de la verdad, libres de prejuicios y dogmas.
Un buen Vig.·., pretendiendo estos objetivos, será el encargado de dar provechosa instrucción a los HH.·. AApr.·. valiéndose de la experiencia, enseñando claramente lo que sabe del grado advirtiéndolos del proceder y la manera de conducirse en el T.·..
Durante el Sg.·. Vj.·., en la In.·., fue el que le pidió al recipiendario esforzarse en conocer y entender, ahora, deberá encargarse de brindar al iniciado el derecho al conocimiento masónico, a los principios e ideas que preconiza la Orden, preparándolo para el trabajo de compañero solicitándole a cambio un oído atento, una lengua silenciosa y un corazón honrado.
La docencia iniciática no dará crédito a la “ciencia infusa” y procurará enseñar concretando la ortodoxia masónica, sus fundamentos, animando a los HH.·. dándoles posibilidades de crecimiento, desarrollando habilidades, hábitos, actitudes y valores que les permitan conocer, especular, comprender, revaluar, cuestionar, crear y transformar. Si pide, le será dado, si busca, encontrará, y si llama, será atendido.
El S.·. V.·. también se esforzará en ser fuerte eslabón de la cultura masónica para que las nuevas generaciones a su vez la conserven conforme a sus mejores tradiciones.
Parece ser que fue Frank Zappa el que dijo aquello de que la información no es conocimiento, conocimiento no es sabiduría y sabiduría no es verdad; el H.•. entonces debe comprender que todo el programa docente se limitará a mostrar, a encauzar a impregnar; debe saber que será él y su propio trabajo el que le convierta en M.·. M.·., maestro de sí mismo, la más alta maestría que lo acercará hasta el utópico “Templo Perfecto” fin de la aspiración de un ser de inteligencia esclarecida, de sentimientos nobles, de fuerte voluntad y sin deriva en los buenos propósitos. La Log .·. perfecta será esa que se limite a ser remanso contemplativo y que ayude al Apr.·. a entender y planificar su trabajo otorgándole al tiempo las herramientas y la seguridad de un T.·. cubierto, los derechos de pertenencia a una Magna Orden y los reconocimientos a su progreso.


Acabo recitando los versos finales del celebérrimo Viaje a Itaca, de Konstandinos Kavafis, a mi entender, fiel reflejo del camino por el que todos los masones andamos y al que la S.·. V.·. procurará iluminar al paso de los HH.·.:

Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

La leyenda de Hiram, el arquitecto sagrado

"Salomón, hijo de David, recibe de Dios la misión de construir el templo siguiendo las instrucciones del profeta Natán, al que el Señor ha dado en sueños las indicaciones necesarias. Hiram, rey de Tiro, amigo de su padre, le aporta ayuda en materiales y, sobre todo, en obreros. Le envía por ejemplo a Hiram el Fundidor. Un día, este último se dispone a efectuar el vaciado del mar de fundición de bronce para el Templo en presencia de Salomón y de Balkis, reina de Saba, a la que Salomón quiere seducir, a fin de casarse con ella. El pueblo de Israel asistirá al vaciado.


Benoni, ayudante y fiel discípulo del maestro de obras, ha sorprendido a la caída de la noche a tres obreros, Fanor el sirio, albañil, Anru el fenicio, carpintero, y Metusael el judío, minero, saboteando el molde del futuro mar de bronce. Benoni advierte a Salomón de la traición de los tres cómplices, pero el rey, celoso de la admiración que Balkis siente ya por Hiram el Fundidor, deja que prosigan los preparativos.


Al ponerse el sol, Hiram da la orden de proceder al vaciado. Y el gigantesco molde en que debe fundirse el mar de bronce y que ha sido manipulado se agrieta. El metal en fusión surge bruscamente y salpica a la horrorizada multitud. Benoni, desesperado por no haber advertido personalmente a Hiram, se arroja entre la ardiente lava.


Poco después, solo, abandonado de todos, Hiram sueña ante su obra destruida. De pronto, de la fundición que brilla enrojecida en las tinieblas de la noche se alza una sombra luminosa. El fantasma avanza hacia Hiram, que lo contempla con estupor. Su busto gigantesco está revestido por una dalmática sin mangas; aros de hierro adornan sus brazos desnudos; su cabeza bronceada, enmarcada por una barba cuadrada, trenzada y rizada en varias filas, va cubierta por una mitra de corladura (plata dorada); sostiene en la mano un martillo de herrero. Sus ojos, grandes y brillantes, se posan con dulzura en Hiram y, con una voz que parece arrancada a las entrañas del bronce, le dice:


- Reanima tu alma, levántate, hijo mío. Ven, sígueme. He visto los males que abruman a mi raza y me he compadecido de ella...
- Espíritu, ¿quién eres?
- La sombra de todos tus padres, el antepasado de aquellos que trabajan y que sufren. ¡Ven! Cuando mi mano se deslice sobre tu frente, respirarás en la llama. No temas nada. Nunca te has mostrado débil...
- ¿Dónde estoy? ¿Cuál es tu nombre? ¿Adónde me llevas? -pregunta Hiram.
- Al centro de la Tierra, en el alma del mundo habitado. Allí se alza el palacio subterráneo de Enoc, nuestro padre, al que Egipto llama Hermes y que Arabia honra con el nombre de Edris...
- ¡Potencias inmortales! -exclama Hiram-. ¿Entonces es verdad? ¿Tú eres... ?
- Tu antepasado, hombre, artista..., tu amo y tu patrono. Yo fui Tubal Caín.


Llevándole como en un sueño a las profundidades de la Tierra, Tubal Caín instruye a Hiram en lo esencial de la tradición de los cainitas, los herreros, dueños del fuego.


En el seno de la Tierra, Tubal Caín muestra a Hiram la larga serie de sus padres: Enoc, que enseñó a los hombres a construir edificios, a unirse en sociedad, a tallar la piedra; Hirad, que supo antaño aprisionar las fuentes y conducir las aguas fecundas; Maviel, que enseñó el arte de trabajar el cedro y todas las maderas; Matusael, que imaginó los caracteres de la escritura; Jabel, que levantó la primera tienda y enseñó a los hombres a coser la piel de los camellos; Juabel, el primero en tender las cuerdas del cinnor y del arpa, extrayendo de ellos sones armoniosos... Y por último, el propio Tubal Caín, que enseñó a los hombres las artes de la paz y de la guerra, la ciencia de reducir los metales, de martillear el bronce, de encender las forjas y soplar los hornillos.
Y transmitió a Hiram la tradición luciferina.


Al comienzo de los tiempos, dos dioses se reparten el universo. Uno, Adonai, es el amo de la Materia y del elemento Tierra, el otro, Iblis, es el amo del Espíritu y del elemento Fuego.


Adonai crea al Primer Hombre del barro que le está sometido y lo anima. Movido a compasión por el bruto e incomprensivo que Adonai quiere convertir en su esclavo y su juguete, Iblis y los Elohim (los dioses secundarios) despiertan su espíritu, el dan la inteligencia y la comprensión. Mientras Lilith, la hermana de Iblis, se convertía en la amante oculta de Adán, el Primer Hombre, y le enseñaba el arte del pensamiento, Iblis seducía a Eva, surgida del Primer Hombre, la fecundaba y, junto con el germen de Caín, deslizaba en su seno una chispa divina. En efecto, según las tradiciones talmúdicas, Caín nació de los amores de Eva e Iblis o Samael (veneno supremo). Abel nacerá de la unión de Eva y Adán.


Más tarde, Adán no sentirá más que desprecio y odio por Caín, que no es su verdadero hijo. Aclinia, hermana de Caín, que la ama, será entregada como esposa a Abel. Y a pesar de ello, Caín dedica su inteligencia inventiva, que le viene de los Elohim, a mejorar las condiciones de vida de su familia, expulsada del Edén y errante por la tierra. Pero un día, cansado de ver la ingratitud y la injusticia responder a sus esfuerzos, se rebelará y matará a su hermano Abel.


Para justificarse, Caín responde personalmente a Hiram. Insiste sobre lo doloroso de su suerte. Sólo él trabajaba la tierra, arando, sembrando, recolectando, efectuando todas las labores penosas, mientras que Abel, cómodamente echado bajo los árboles, vigilaba sin esfuerzo los rebaños. Cuando les tocaba ofrecer los sacrificios prescritos a Adonai, amo exterior de la esfera terrestre, Caín elegía una ofrenda incruenta: frutos, haces de trigo. Abel, por el contrario, ofrecía en holocausto a los primogénitos de sus rebaños. Y, presagio funesto, el humo del sacrificio de Abel subía recto y orgulloso en el espacio, mientras que el del fuego de Caín caía hacia el suelo, mostrando el rechazo de Adonai.
Caín explica entonces a Hiram que, en el curso de las edades, los hijos nacidos de él, hijos de los Elohim, trabajarán sin cesar por mejorar la suerte de los hombres, y que Adonai, lleno de celos, tras intentar aniquilar a la raza humana mediante el Diluvio, verá fracasar su plan gracias a Noé, advertido en sueños por los Hijos del Fuego sobre la inminente catástrofe.


Al devolver a Hiram a los límites del mundo tangible, Tubal Caín le revela que Balkis pertenece también al linaje de Caín y que es la esposa que le está destinada desde toda la eternidad.


Después, antes de la partida de la reina de Saba, Hiram y Balkis se unirán en secreto, a pesar de la celosa vigilancia de salomón. Hiram, descendiente de las Inteligencias del Fuego, y Balkis, descendiente de las Inteligencias del Aire, no podrán sin embargo permanecer unidos. Hiram será asesinado por tres Compañeros, deseosos de conocer indebidamente la contraseña de los Maestros, con objeto de percibir el mismo salario que ellos. El crimen tendrá lugar dentro del Templo de Jerusalén en construcción, desierto en ese momento. Y Balkis, al regresar al país de Saba, sin haber sido nunca la esposa de Salomón, se cruzará, sin verlos, con los tres asesinos, que se llevan el cadáver de Hiram para enterrarlo en secreto.


Sólo se estremecerá en su seno el niño que va a nacer de sus amores fugitivos con el Maestro Obrero, ese niño que será más adelante el primero de los hijos de la viuda


LOS ESENIOS Y LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO

El hallazgo de los manuscritos del Mar Muerto

En 1945 tres Pastores beduinos de la tribu ta´amireh, que Vivian en el desierto de Judea, descubrieron una cueva en Qumran, en su interior encontraron diez tinajas cilíndricas y restos de otras que se habían roto por las piedras caídas del techo. Algunas estaban vacías, pero de una de ellas sacaron un extraño paquete de color verdoso que contenía pergaminos. Luego se descubriría que los escritos correspondían al manuscrito de Isaías (es el texto más antiguo que hoy en dia disponemos del Antiguo Testamento), al comentario de Habacuc y a la Regla de dicha comunidad que algunos investigadores pensaban que podían ser los esenios. El 11 de abril de 1948 salió a la luz pública la noticia al mundo del hallazgo de estos manuscritos cuya antigüedad se fechaba en torno al siglo II ó III antes de nuestra Era. Entre 1945 y 1966, beduinos y arqueólogos buscaron en el interior de cientos de cuevas a lo largo del desierto que está paralelo al Mar Muerto.


En unas veinte de esas cuevas se hallaron escritos de distintas épocas, que componen un conjunto de textos de tipo bíblicos, apócrifos, documentos de los esenios, cartas y papeles de carácter jurídico-administrativo, así como monedas, restos de utensilios, etc.
Gracias a estos hallazgos podemos ver que apreciaban la ley mosaica y el antiguo testamento además de que podemos observar su extraño lenguaje escrito ya que algunos de sus escritos han sido realizados en símbolos para solo ellos poder entenderlos.



INICIOS
Hacia el año150 a.C. surgen como una verdadera religión. El nombre significa "los piadosos" y les fue dado por las gentes que los conocían, ya que ellos mismos se denominaban "Orden de los Hijos de la Luz". No existe referencia de ellos ni el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, pero si la hay; a través del historiador y cronista Flavio Josefo (Guerra de los Judíos II, 119-161), de Filón, Plinio y muchos otros, coincidiendo todos en elogios sobre su Regla y del espíritu que les inspiraba. Plinio dice; "son gente solitaria y muy superior al resto de la Humanidad" y que se nutrían merced a la incesante corriente de personas que acudían a ellos en gran número. A Filón, le inspiraron su Tratado para probar que todo hombre bueno es también libre. Para Josefo que hacia los diecinueve años había pertenecido ya a los fariseos, a los saduceos y a los esenios, nos dice que constituyen una hermandad similar a los pitagóricos y que habían renunciado al placer y a las riquezas de la vida.


Tenían todos sus bienes en común, todos debían contribuir con sus trabajos y en retribución, nunca debían de carecer de lo necesario.


Solían vivir más de cien años. No había entre ellos ni esclavos ni señores, pues apostaban por la fraternidad.
Estudiaban las Escrituras tratando de aumentar en el conocimiento profundo de la Verdad, iban siempre de blanco, y su vida estaba siempre presidida por un alto nivel de disciplina.
Los esenios habitaron en la llamada "Ciudad de la Sal", lugar inhóspito en el desierto de Judea, junto al Mar Muerto.



El llamado Maestro de Justicia
La comunidad fue reorganizada por un personaje llamado Maestro de Justicia y continuó en el desierto hasta el terremoto que produjo graves daños en toda la zona, en el año 31 a.C. algunos grupos volvieron al Mar Muerto para luego desaparecer en la historia.


Los documentos hallados en Qumran, han puesto sobre la mesa su importantísimo papel en el que se inspiró el cristianismo primitivo. La comunidad reflejada en estos documentos es mesianista aguardando la restauración de la línea davídica en el trono de Israel. En el manuscrito de la Guerra, hallado en una de las cuevas a ese Mesías davídico se le llama "el Cetro".Eran dualistas y con la mentalidad apocalíptica tal y como se refleja en el Nuevo Testamento.


La comunidad de Qumran
Qumran, a unos 17 kilómetros al sur de Jericó y al norte de Ain Gidi, era su lugar principal en Palestina, pero estaban por todo el país, y también en Egipto donde tenían su sede más importante en los alrededores de Alejandría; próximos al Monte Moria o ha Heliópolis según otros.


Los sectarios de Qumran se reconocían a sí mismos como el "grupo" puro de Israel, como la Nueva Alianza. Sus miembros practicaban ritos similares al bautismo de la primitiva comunidad cristiana y marcaban las frentes de sus iniciados con el signo de la X (cruz de San Andrés) se creyó que representaba la letra inicial de la palabra griega Xristos, pero la práctica efectiva de señalar al iniciado "elegido" era la misma.


Arnauld de Saint-Jacques en su obra Los Templarios y el Evangelio de San Juan: La fuente de Moisés fue Egipto y los iniciados esenios aprendieron de esta misma fuente, aparte de recoger la Tradición hebrea en su pureza a través de textos ocultos de los profanos y los invasores romanos. No cabe ninguna duda de que la Orden de los Hijos de la Luz era una orden monástica, y una orden iniciática que practicaba la cábala, la astrología y la alquimia. Su misión principal era preparar el advenimiento del Mesías, formando un cierto número de iniciados y de santos que ayudaran al Cristo en su Misión Redentora y a los apóstoles.



Jesúcrito y los Esenios
Seguramente la Orden Esenia cumplió su cometido, preparando el nacimiento de Jesús, para lo cual tomaron bajo su protección a las familias de María y de José que recibieron formación esenia como la recibiría el mismo Jesús y Juan el Bautista.
Tras morir Cristo, los esenios siguieron prestando sus servicios a los apóstoles y discípulos con tal eficacia y discreción que sólo pasados los siglos, ha sido reconocida su inmensa labor por algunos de los historiadores.

Relacion entre los judíos y esenios
El odio de los jefes judíos contra los esenios era atroz, tomemos como ejemplo el hecho de que el Gran Sacerdote de Jerusalén realizara una expedición violenta contra Qumran donde se asesinó al Maestro de Justicia mientras este oficiaba una ceremonia.


Los esenios, herederos de la Orden de Melquisedec, acusaban a los líderes judíos de usurpación del sacerdocio y de contaminar el santuario ya que rechazaban los sacrificios de animales. Hasta el calendario era objeto de discusión ya que Qumran se regía por el calendario solar, mientras que Jerusalén utilizaba el lunar, por lo que las liturgias no coincidían. Mientras los esenios creian en la esencia de la Tradición del Verbo Solar de Ram, los judíos; habían adoptado el Principio Jónico, simbolizado por la Luna, principio femenino y reflejo del solar.
Los esenios eran conscientes, no sólo creian en una Nueva Alianza, sino, que además vivían ya esta Nueva Alianza.



El final
Tan viva era su fe que no temían la muerte, por ello causo la admiración de los mismos romanos cuando estos atacaron Qumran.
Josefo nos decía: "Menosprecian los peligros, triunfan del dolor por la elevación de su alma y consideran la muerte, cuando se presenta con gloria, como preferible a una vida mortal. La guerra romana ha probado su fuerza de carácter en toda circunstancia: los miembros apaleados, torturados, quemados y sometidos a todos los instrumentos de martirio con el fin de arrancarles alguna blasfemia contra el legislador o para hacerles comer alimentos prohibidos, no ha podido obligarles ni a lo uno ni a lo otro, ni siquiera sus torturadores han podido alardear de haberles hecho derramar una sola lágrima. Sonrientes durante los suplicios y burlándose de sus verdugos, expiraban con alegría como si pronto volvieran a revivir". (Guerra de los Judíos, Libro 2º, cap. VII).


La Orden de los Hijos de la Luz fue destruida durante la represión del año 70. Qumran fue arrasada y muchos esenios muertos. Los que escaparon se refugiaron junto a hermanos suyos en las comunidades cristianas. Estos últimos esenios serían uno de los tres grupos de iniciados que formaron el misterioso Priorato de Sión, prolongación oculta de la Orden del Temple.



El Temple y los esenios
Resulta curiosa la similitud, en su trascendencia y rigurosidad, entre las liturgias de entrada de ambas órdenes. Ingresar en la secta esenia, así como en la orden templaria, no era fácil, llevándose a cabo complejos rituales de admisión.



El enigma Crístico
Si la figura de Juan el Bautista ha provocado dudas sobre su procedencia esenia, el propio Jesús no lo ha sido menos. La figura central del Cristianismo ha sugerido; todo tipo de leyendas para explicar su mensaje. Desde teorías que lo llevan al Himalaya, hasta secretos viajes a Egipto o a la India. La falta de información de Jesús permite todo tipo de especulaciones.


Una cosa si está clara, y es que cada vez se hace más evidente la aportación de los esenios al Cristianismo

EL GNOSTICISMO

En los primeros tiempos del Cristianismo se crearon varias sectas que han sido englobadas con el nombre de gnosticismo. El maniqueísmo fue una de las corrientes gnósticas que más tuvo que ver en el desarrollo de la herejía búlgara del bogomilismo, que daría origen al catarismo italiano, cuyas comunidades fueron de importancia para la expansión de la herejía por el sur de Francia, Occitania y Languedoc, donde las gentes, los grandes señores y parte del clero adoptaron las doctrinas del dualismo radical inducidos por los representantes del orden dragovitsiano. Estos herejes, que fueron llamados patarinos, búlgaros, maniqueos, paulicianos o publicanos, empezaron a llamarse cátaros, "los puros".
El maniqueísmo fue fundado en el siglo III por el persa Manes, que fue iniciado por los gnósticos mandeos, Manes se presentó como un nuevo enviado de Dios, un nuevo profeta como Jesús y Zoroastro (Zaratustra), sincretizando elementos cristianos, persas, caldeo-babilónicos, gnósticos y budistas. Los maniqueos creian que en el principio había un mundo de luz y del espíritu, gobernado por un Dios bueno, y otro oscuro y tenebroso, un mundo regido por un principio demoníaco. En poco tiempo la dualista nueva religión maniquea había llegado hasta España, China y Mongolia. Los maniqueos tenían mucho en común con los bogomilos: sus templos eran sencillos, sin ídolos ni imágenes, a las que se consideraban objetos de idolatría Satánica. En sus monasterios vivían los "perfectos", unos pocos hombres, mujeres y niños a los que todo el mundo intentaba imitar. Al morir, éstos eran llevados al seno del Dios bueno, mientras que los fieles más corrientes sufrían la metempsicosis (renacían en forma de personas, animales o vegetales).Tenemos el precedente más antiguo de las creencias dualistas gnósticas euroasiáticas en el mazdeísmo persa, la religión de Zoroastro (Zaratustra), que tras su fallecimiento fue reorganizada por los "magos", los sacerdotes del fuego, aquellos enigmáticos reyes venidos de "algún sitio" para agasajar al niño enviado de Dios. Marco Polo el aventurero italiano nos dice que en Persia se encuentra la ciudad de Saveh, desde donde partieron los tres Magos cuando fueron a adorar a Jesucristo... El hecho de que los tres Reyes Magos fuesen zoroastras lo apuntan varios textos antiguos (Evangelio de San Mateo,por ejemplo)
Para Adrian Gilbert, "los Magos del Evangelio no procedían de Persia sino de Mesopotamia", donde se adoraba al dios Mitra. El mazdeísmo que proclama la existencia de un Dios Supremo, Ohrmuz o Ahura Mazda, padre de dos hijos gemelos creadores: Spenta Mainyu, el espíritu benefactor, y Angra Mainyu o Ahrimán, el espíritu de la confusión y la mentira. Ahrimán responde con una creación nefasta y maligna a cada creación buena y bella del espíritu benéfico. El Universo es un campo de batalla perpetua entre el Bien y el Mal, lo blanco y lo negro, la Luz y la Sombra ; una lucha sin cuartel que tendrá fin cuando la mentira sea derrotada definitivamente.
En 1945 fueron descubiertos unos manuscritos en un lugar del desierto egipcio situado cerca de Nag Hammadi, al norte de Luxor. Este hallazgo nos revela a un Jesús místico muy cercano al Budismo Zen e incluso a los cínicos griegos.
Ana Vicioso Ruiz en su artículo Las enseñanzas ocultas de Jesús, frente al Jesús exotérico, accesible a todos y fácilmente comprensible, surge el Jesús esotérico, con sus enseñanzas ocultas y reservadas solamente a los iniciados.
Estos textos, difíciles de interpretar, fueron escritos en copto (escritura egipcia) entre los siglos III y IV, aunque los originales griegos se remontaban incluso al siglo I. Al mostrar una imagen distinta del antiguo Cristianismo, supusieron una auténtica revolución para la teología y la cristología. Su posesión fue declarada delito a partir del siglo II, por lo que desaparecieron. Sólo la fe y el deseo de que sobrevivirían a través de los siglos, llevaron a alguien a esconderlos dentro de una vasija donde fueron encontrados después de muchos siglos por unos campesinos egipcios.
El Jesús que mostraban era el Viviente, aquél que revelaba lo que nunca percibieron otros oídos. No era un Cristo histórico, hacedor de milagros. No era maestro ni amo, sino tan solo un guía espiritual que mostraba cómo el reino de Dios era una realidad trascendente que se hallaba en el interior de cada persona y que podía comprenderse a través del conocimiento de sí mismo y de Dios.
El mensaje gnóstico proclamaba la comunicación directa con Dios, sin necesidad de jerarquías intermediarias, pues aquel que habia alcanzado la gnosis se convertía en igual a Dios.
Según el evangelio gnóstico: "La unión entre varón y mujer es llamada Uno, y sólo cuando la mujer esté unida al varón puede emplearse la palabra Uno" (Zohar III, 76); mientras que el Evangelio de Tomás se dice:"Cuando logréis que el varón no sea ya varón, y la mujer no sea ya mujer".
El Padre habría creado a un primer Adán, a quien luego la Madre le habría dado la vida.
El segundo Adán, el citado en la Biblia, sería obra del Creador. luego, la tradición cristiana convertiría a Barbelo en Jesucristo.
El Demiurgo de los gnósticos no era el Dios Supremo, sino el creador del mundo material.
La Madre divina también sería Sofía, la Sabiduría, primera creadora universal de la que surgieron las criaturas, quien iluminaría a los seres humanos y les haría sabios.
En el Diálogo del Salvador, María Magdalena fue alabada por Jesucristo como superior a cualquier apóstol, hablando de ella como "mujer que conocía el Todo".
El Evangelio de Felipe insistió en esta predilección, hasta el extremo de que los otros discípulos se sentían ofendidos y a la vez celosos,y le preguntaban al Maestro por que la amaba mas que a ellos La respuesta del Maestro (¿Por qué no os quiero como la quiero a ella?) no desmerecieron en absoluto de las tesis gnósticas.
El texto gnóstico Pistis Sophia presentaba a un Pedro no protagonista, que se negaba a aceptar el puesto de privilegio de María Magdalena.
Había condenas de lo femenino en el libro de Tomás el Contendiente que hacían referencia a los deseos de intimidad carnal con ellas, pues dentro de su filosofía, los gozos del espíritu eran muy superiores a los materiales.
Clemente de Alejandría, Padre de la Iglesia e iniciado de los Misterios griegos, dijo que Jesús dio la Gnosis a sus discípulos después de haber resucitado.
Hoy, esa Gnosis, esa Sabiduría (Sophia) oculta que ha sido transmitida desde la época de los apóstoles, hoy en dia se ha vuelto desconocida el motivo se encuentra en los dos polos del proceso iniciático: los que transmiten y los que reciben.
El Cristo gnóstico o Jesús esotérico, el guía de la Era de Acuario, nunca condenará, porque siempre comprende.
Muchos de los aspectos de la filosofía gnóstica nos hacen pensar que el Temple bebió de sus fuentes, los templarios pretendían la liberación de este mundo y alcanzar el Paraíso espiritual. Un camino solamente para los elegidos, que practicaban con el mayor celo un secretismo que les era imprescindible para poder sobrevivir. Sólo ellos sabían la Verdad.

CONSTRUCTORES - El secreto en la Iniciación y en el simbolismo

Rafael Alarcón en su Libro A la sombra de los templarios nos dice que "los constructores intentaron, en la realización arquitectónica, la plasmación de su ocultismo, porque en la Edad Media el edificio no era una simple estructura funcional, respondía a una función, pero en otro sentido. Modelar la materia, trabajarla y proporcionarle una forma determinada, era algo más profundo, iba más allá del trabajo técnico, porque el fin de la materia no era representar o albergar a la divinidad para invocarla, sino que era realmente un medio por el que la divinidad se expresaba. Siendo pues una cualidad de la materia el albergar en su seno a la divinidad, a la idea superior, trabajarla adecuadamente era hacerla expresiva permitiendo de este modo que lo divino pudiera comunicarse a través de ella, dar un mensaje a los hombres.


Por eso el aprendizaje del oficio no podía ser un vulgar acto de memorización técnica, o meras prácticas de habilidad manual. Debía ser, por encima de todo un querer conocer íntimamente la naturaleza del Cosmos, del Universo -en el sentido amplio del término-, del modo más completo posible. El aprendiz, debía integrarse, hasta donde el poder de captación lo permitiese, en la esencia de la Tierra, de la vida, por medio de la experiencia personal en el contacto con la materia. Debía por ello de "iniciarse".


A la vez precisaba un perfecto conocimiento de los símbolos, su significado y sus interpretaciones, a fin de hacer posible el sincretismo que permitiera saltarse las normas ortodoxas imperantes con el mínimo peligro.
Bayard nos dice que "sólo a través de un esfuerzo continuado, a través del trabajo personal, se puede penetrar la filosofía de una profesión, cuyos secretos son comunicados únicamente por los maestros más experimentados.
Se comunican mediante enigmas: el alumno debe realizar un esfuerzo de asimilación, debe investigar. Estos conocimientos no se comunican a nadie del exterior ni a los seres perezosos. El sentido interior, esotérico, se vela bajo el manto de una oscuridad voluntaria que sólo puede ser penetrada por los que poseen la primera letra. El lenguaje de la alquimia es alegórico.


Los sacerdotes tienen una forma secreta de comunicarse; sus libros pueden leerse en tres sentidos y a menudo emplean una escritura jeroglífica que les permite comunicarse mediante símbolos. Los druidas prefirieron la enseñanza oral, con lo que obligaban a la memoria a trabajar.


El hombre vive en sociedad; con el juramento de guardar el secreto sobre el que se asienta su grupo, que es donde se forma la base de la sociedad iniciática. Es necesario "marcar" al neófito mediante una ceremonia apropiada y hacerle plenamente consciente de su investidura. Procedente del mundo exterior, profano, se integra así en una nueva vida. El poder de la iniciación le transfigura. Tras su muerte simbólica, el paso a través de la puerta estrecha es el verdadero renacer. Para señalar este cambio de estado, este renacer, el individuo toma un nuevo nombre, como hace el rey al ser coronado, el Papa al ser nombrado o las religiosas al hacer los votos; en las sociedades iniciáticas, el individuo es "bautizado".


Por elevación de su pensamiento tradicional, esta sociedad no puede tener objetivos políticos o religiosos, ya que evita cualquier forma de dogmatismo. Es tolerante y sólo tiene reivindicaciones espirituales. Los símbolos hablan y se transmiten según el grado de desarrollo espiritual del individuo. Bajo la apariencia visible se penetra la esencia de los seres y de las cosas. La escultura arquitectónica llena todo el espacio que le está destinado sin preocuparse de las proporciones reales; los capiteles forman a menudo una serie y deben ser descifrados de norte a sur en el sentido de las agujas del reloj, pues están ordenados de tal modo que su emplazamiento preciso juegue con la luz y las sombras.


Toda religión ha velado sus enseñanzas; Clemente de Alejandría decía que "los misterios no deben ser revelados más que en un auditorio examinado de forma oral y no mediante escritos". Los druidas transmitían sus enseñanzas por vía oral; Jesús se expresaba mediante parábolas y San Mateo dijo (VII, 6): "No arrojéis vuestras palabras a los cerdos".
De este modo, el símbolo, lenguaje mudo, define el edificio religioso, sometido a la ley de lo ternario. En realidad se trata de una compleja red de influencias, tradiciones y costumbres en la que el pasado se incorpora al presente y cada detalle tiene su importancia. Los signos se multiplican e invaden todo el espacio. El triángulo equilátero es el de la Divinidad, pues posee todas las perfecciones, pero también se trabaja con el escaleno y, sobre todo, con el de Pitágoras. Para subir al altar, hay tres escalones y para acceder al pórtico hay tres, cinco o siete peldaños, siempre un número impar.
El círculo participa en el trazado regulador; el rosetón -o la rosa- es circular. Esta forma, absoluta e inmutable, es la imagen de un inicio sin fin; significa la eternidad. Su centro es el principio generador.


Aparte de las formas geométricas simples, los siete metales se asocian a las doce casas astrológicas... Sus atribuciones, retomadas por la Iglesia romana, se encuentran ya en las doctrinas del mitraísmo.


El cristianismo tuvo muchas influencias de las religiones anteriores, particularmente del druidismo, que permaneció activo hasta el siglo VI de nuestra era. Ceremonias como la de la misa, las vestiduras sacerdotales o la forma de nuestros primeros templos se encuentran ya en el pasado pagano. La catedral se edifica en el emplazamiento de un templo idólatra o de un menhir. El mito de la serpiente o el culto a la diosa madre, ya existían en civilizaciones muy antiguas, en todos los continentes. La cripta es el templo mágico; al igual que la cueva situada bajo la montaña sagrada poseía una cámara secreta.


Los libros sagrados de todas las religiones muestran esta universalidad de los cultos; las misma actitudes religiosas se alimentan de los mismos símbolos atávicos. En este simbolismo, el claustro -lugar intermedio entre la iglesia y el monasterio- toma la forma de un cuadrado con una fuente central; los jardines, que representan el tercer recinto, dan paso a la Jerusalén celestial.


El arquitecto debe sacar a la luz esta sabiduría, debe inspirarse en el pensamiento tradicional para poderla transmitir, pues su función es la de mensajero.

La Piedra y la Talla
Victor-Émile Michelet en Le secret de la chevalerie, escribe: "Aquellos que tallaron la piedra inscribieron el eco de la Palabra Perdida en el silencio secular de la piedra que escucharán los predestinados".
Almazán nos recuerda: "En cuanto al nombre hebreo de Dios, el tetragránmaton JHVH (Yod-He-Vav-He), que es impronunciable al carecer de vocales, los ocultistas dicen que es la clave cabalística de la llamada Palabra Perdida, que los masones identifican con el verdadero nombre de Dios, y que se revela ritualmente en la Masonería del Arco Real, de la Bóveda Sagrada o del Cuarto Grado (la esencia suprema masónica). En 1764 ya revelaba Lorenzo Dermott en su Ahiman Reson que la Palabra Perdida de Hiram es la pronunciación kabalística correcta del tetragrámaton".
El arte de la talla es decisivo e importante en toda la estructura de la construcción. Los rituales que realizaban los maestros talladores eran los más estrictos; este oficio, junto con el de los carpinteros, es el que guarda el valor iniciático más perfecto, rigurosamente transmitido.


Dice Bayard "La piedra cuadrangular se orienta como la piedra del altar, hacia los cuatro puntos cardinales. Mahoma venera la piedra angular, según las palabras de Isaías (XXVIII, 16-17): "He aquí que he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, piedra angular y preciosa, sólidamente asentada; el que en ella se apoye no titubeará. Y del derecho haré regla y de la justicia haré nivel".


La piedra angular se incorpora al edificio como parte superior de la bóveda celeste, y también como la "piedra rechazada" por los constructores; se convierte en la "cabeza angular" de la Escritura. San Mateo reproduce así la palabra de Jesús (XXI, 42): "La piedra que los edificadores habían rechazado, ésa fue hecha piedra angular; del Señor viene esto, y es admirable a nuestros ojos".


En el ritual de la masonería de Las Marcas, se dice: "La piedra que habían rechazado los constructores ha pasado a ser la piedra maestra angular". De hecho, la clave de la bóveda debe ajustar con precisión absoluta en el resto de la construcción y, en estos ritos de francmasonería, constituye la prueba de capacidad del candidato.
René Guénon, en Le Pierre angulaire, nos habla de la piedra angular y de la clave de la bóveda: "Es, propiamente, la piedra que "termina" o "corona" un edificio; y es también un capitel, que es el "coronamiento" de una columna".
Guénon observa que esta piedra sólo puede ser colocada desde las alturas, desde el exterior, lo que nos indica su carácter celeste. Por esta razón, el eje que atraviesa este orificio es el axis mundi, muy a menudo materializado en una plomada.


En la pieza maestra se deja la marca personal, la firma secreta que testimonia el poder creador del hombre. Estas marcas son idénticas a la famosa "piedra blanca" mencionada por el escritor Gerard de Nerval en su admirable Viaje a Oriente. La piedra totémica; simboliza la eternidad, la sabiduría. Tallada a imagen del hombre, se convierte en estatua e incluso puede tener espíritu. La piedra, antes de integrarse en las fastuosas catedrales, encierra en sí misma grandes secretos: la riqueza y la fuerza de los tres reinos. Esta raíz de la humanidad. Es el fruto de la unión entre el cielo y la tierra y representa la vida y lo sagrado, una realidad absoluta que hace vibrar los santuarios más herméticos.

El simbolismo de las herramientas
Bayard nos dice sobre el simbolismo de las herramientas que "la forma simbólica de la herramienta crea un orden de fuerza, un poder mágico que hechiza. Las herramientas son adoradas: no sólo se han de cuidar, sino que hay que aprender a emplearlas con amor, en el respeto de la tradición; la herramienta es el reflejo de la persona que la ha creado. El maestro, al entregar su obra, destruía todas las herramientas que había utilizado en el transcurso de su trabajo. La herramienta es la prolongación de la mano, se cuida y se decora; el útil es un talismán de buena suerte para quien lo posee. El principiante sólo podrá servirse de ellas tras un largo aprendizaje. El taller se convierte en un santuario; en él se trabaja al tiempo que se reflexiona y se medita. De la repetición de los mismos gestos nace una amistad entre los miembros de un mismo oficio, confraternidad que desemboca en un acto espiritual. Esta acción de realización interior es lo que constituye la base de los rituales iniciáticos, que tienen como objeto el perfeccionamiento del individuo mediante la unión del gesto y el pensamiento. Los útiles son la escuadra y compás, a los que hay que añadir la herramienta que distingue la profesión, con lo que suman tres quedando de este modo cargadas de un simbolismo de gran alcance".

La planta de las iglesias
Bayard señala que "se establece en función del culto, del simbolismo religioso y de la fe de los fieles. Antes de la época medieval, el templo era concebido en forma de rectángulo, generalmente con tres recintos; después se estableció la planta de cruz latina, por imitación del Templo de Salomón. Las basílicas antiguas pueden tener una planta rectangular o un sistema de cruces diversas, tal como se observa en Armenia. Hay ejemplos de formas hexagonales, octogonales, circulares, recintos triples con pasillos circulares, espirales y laberintos, pero ninguna planta ha sido impuesta por la liturgia.


No obstante el santuario es también la gruta, el centro iniciático por excelencia. Tiene el poder mágico de la cueva. Es un lugar donde se recibe vida y donde el cuerpo es enterrado; todo nace en esta matriz y todo retorna a ella. Jesús, Mitra, Zeus, Hermes, Lao-Tse y otros dioses nacen y son inhumados. Todos los que poseen una fe común y son perseguidos se reúnen en cuevas, lo que hace decir al inquisidor Bernardo Gui (1263-1331): "Durante mucho tiempo, los herejes han permanecido rebeldes a la luz, ocultándose ora en las montañas, ora en grutas y cuevas, como hacen los búhos y los hijos de las tinieblas".


Para aquel dominico cruel, experto en la persecución sin piedad de los herejes, autor de un Manual del Inquisidor, las cuevas sólo podían ser las claraboyas del infierno.


El mundo subterráneo en el que el sistema neural del neófito entra en contacto con las fuerzas telúricas, es el de la inmensa Paz, el del recogimiento a salvo de los ruidos y sucesos exteriores. En este aislamiento, el hombre puede concentrarse, meditar, orar; su pensamiento se regenera.

Los Cupulinos
Nos explica Bayard: "Las linternas (o cupulinos) de los muertos son pequeñas construcciones emplazadas en los cementerios, generalmente aisladas o situadas sobre un edificio. Más altas que anchas y abiertas por los lados, terminan en una lucernario o un campanil calado, de forma piramidal o cónica, a menudo con una cruz o un florón de piedra. Estas construcciones, románicas o góticas, aparecen a partir del siglo XII y desaparecen al final de la Edad Media. Tienen una función de vigilancia; en ellas se mantiene una llama continuamente encendida, que es a la vez una oración y un exorcismo: ahuyenta a los malos espíritus. Esta luz preserva a los vivos, vela sobre los difuntos y obliga a tener presentes a los antepasados. Quizás sean las "lámparas inextinguibles".


Laberintos y las criptas
Según nos dice Marcellin Berthelot, en La Grande Encyclopédie, "una figura cabalística que se encuentra al principio de ciertos manuscritos alquímicos y que forma parte de las tradiciones mágicas atribuidas al nombre de Salomón. Es una serie de círculos concéntricos, ininterrumpidos en ciertos puntos, de manera que forman una trayectoria chocante e inextricable".


La imagen del laberinto se nos presenta, pues, como emblemática del trabajo entero de la Obra -nos dice Fulcanelli-, con sus dos mayores dificultades: la del camino que hay que seguir para llegar al centro -donde se libra el rudo combate entre dos naturalezas-, y la del otro camino que debe enfilar el artista para salir de aquél. Aquí es donde necesita el hilo de Ariadna, si no quiere extraviarse en los meandros de la obra y verse incapaz de encontrar la salida".
Fulcanelli, apoyándose en la cábala, proporciona "a los investigadores sagaces algunos datos sobre el valor simbólico del famoso mito", en El misterio de las catedrales, asociando Ariane a la forma de airagne (araña), esa araña que representa a nuestra propia alma que teje nuestro cuerpo...


Dice Bayard que el dibujo simbólico del laberinto "ya era apreciado por los griegos y figuraba en las monedas y en los santuarios egipcios --.


Los laberintos del interior de las catedrales, en forma de intrincada red de meandros, ya no son construidos en las profundidades de la tierra, sino a ras de suelo.


Suelen tener forma circular, pero los hay que son octogonales e incluso cuadrados. El más conocido es el de Chartres. El laberinto de Saint-Quentin, se dice que cuando los Santos Lugares se hicieron inaccesibles, el peregrinaje a Tierra Santa fue reemplazado de forma simbólica por el recorrido, de rodillas, en este laberinto.
El laberinto es seguramente un mándala (que en idioma sánscrito quiere decir círculo). Es preciso alcanzar la zona del centro, lugar del eterno descanso que anima todo lo que se sitúa en la periferia. El Minotauro es parte de una etapa necesaria en el proceso de iniciación; su sangre regenera al que consigue dominarlo. El laberinto simboliza el camino de la vida; es el viaje iniciático que conduce de lo profano a lo sagrado.


Atienza nos recuerda en lo que a las Criptas se refiere que; "no faltan estudiosos que insisten, y no sin razón, en que muchos monasterios y templos se levantaban sobre lugares de poder marcados por el cruce de corrientes energéticas de la Tierra. En algunos casos, las columnas de ciertas criptas cumplían la función de agujas de una acupuntura terrestre, obrando, lo mismo que los menhires de la protohistoria, como conductores de las energías telúricas, para que éstas actuasen sobre quienes oraban o meditaban en aquellos antros especialmente sagrados, buscando absorber la fuerza espiritual que transmite la Madre Tierra a quienes saben buscarla y aprovecharla."

El emplazamiento y forma en que se ha de construir un Templo
Dice Bayard; que La iglesia que domina el pueblo se levanta sobre un cerro al igual que los dólmenes dominaban las zonas circundantes; la palabra es revelada sobre la montaña sagrada; hay que subir los peldaños de una escalera para alcanzar el lugar santo. En lo alto de la colina suele haber una fuente. Por lo general, las iglesias poseen pozos y, muy curiosamente, cerca de ellos suele velar una Virgen negra.


Para el emplazamiento original de la construcción ¿no se buscaría una fuente, un pozo? Para emprender la construcción de pozos muy profundos hay que disponer de excelentes zahoríes y no tener miedo a iniciar trabajos costosos y azarosos. ¿No indica esto una obligación litúrgica? Todo esto me lleva a pensar en las aguas vivas del bautismo, en las corrientes telúricas y en los campos de fuerza.


La elección del emplazamiento del templo lleva a la determinación del centro, del punto en el que se levanta el altar. Todo empieza en este núcleo del edificio y todo regresa a él. En el confluyen las fuerzas de atracción y emanación. Todo el edificio se ordena alrededor de este eje, un centro más del mundo. Mircea Eliade demuestra que la construcción del templo, de las casas y de la ciudad era solidaria con el mito cosmogónico: "Así como el Universo visible se desarrolla a partir de un Centro y se extiende hacia los cuatro puntos cardinales, así el pueblo se constituye alrededor de un cruce de caminos". Como veremos -sigue diciéndonos Bayard- a partir del trazado regulador del edificio, todos estos círculos trazados con el triángulo y el cuadrado inscritos ¿no corresponden a la emoción del arquitecto que, al contemplar la obra, llega a un estado espiritual de desdoblamiento? En la superación de su conciencia el creador se impregna de formas que le conducen a la búsqueda de la unidad divina. El emplazamiento, vinculado a las fuerzas terrestres, depende también de las fuerzas cósmicas. El lugar está relacionado con las constelaciones. Basándose en la astrología, Jean Richer trazó una serie de mapas en los que las influencias de unas ciudades sobre otras se explican a partir de las constelaciones.

Encontrar el emplazamiento justo no es tarea fácil y, sin embargo, las elecciones de los antiguos parecen muy acertadas: rigurosos análisis (como los de Jean Richer) y los aparatos de detección confirman que estos puntos están determinados por radiaciones y corrientes. Los fieles se reúnen en un lugar sometido a las emanaciones de una poderosa fuerza cósmica, a una irradiación saludable. El lugar sagrado no es escogido por el hombre, es descubierto por él".


Nos indica Bayard para explicar la consagración de los cimientos que por otro lado, "todo nos hace pensar que los primeros lugares de culto fueron parajes naturales. Los bosques, las rocas, las fuentes y las cuevas eran la morada de las divinidades. Las pinturas rupestres, con su empleo del color rojo ocre, hacen pensar en un culto basado en el sacrificio y en el valor de la sangre; la piedra misma es la morada de un dios y, de una manera general, un espíritu -como el de la muerte- puede introducirse mágicamente en la piedra. El edificio se beneficia de la presencia de espíritus que ayudan a los humanos.


El simbolismo de la cabeza cortada se observa en los ritos de construcción. Tarquino el Soberbio, séptimo y último rey de Roma, hizo edificar un templo dedicado a Júpiter; durante el asentamiento de los cimientos encuentra la cabeza aún ensangrentada de un hombre y a partir de entonces este edificio se llama "Capitolio". En muchos cuentos, las cabezas de los muertos hablan y aconsejan a los vivos, tal es el caso de las leyendas bretonas. Al pie de los megalitos se han encontrado numerosos huesos rotos y sabemos que los celtas golpeaban el cráneo del muerto con la ayuda de un "martillo bendito". El entierro de una cabeza santa, aun sin el cuerpo, santificaba el lugar.


Los cimientos del edificio religioso son así bendecidos mediante un rito mágico que con frecuencia se basa en la colocación de una cabeza, receptáculo de todos los misterios, sede de la iluminación interior. La cabeza del muerto emana una energía cósmica; el muerto, que ha conocido nuestro mundo, se encuentra ahora en otro medio y, de este modo, puede aconsejarnos.


Para propiciar la fuerza benévola de los espíritus invisibles, particularmente el de las divinidades subterráneas, es necesario sacrificar a un hombre: la sangre que riega la tierra es una verdadera ofrenda, muy del agrado de los dioses. Al verter su sangre, Jesús redimió nuestros pecados. Se sacrifica a los siervos, pero también sirven las cabezas de los enemigos muertos en combate, pues éstos, vencidos, se convierten en amigos y protectores, como lo son los fieles sirvientes. Este sacrificio, un rito corriente, no puede ser considerado un suplicio: la víctima, orgullosa de convertirse en un espíritu guardián, acepta entrar en el espíritu de la construcción, donde su doble espiritual protegerá a sus compañeros.
La inmolación de seres humanos y animales (caballos, toros, ovejas) está presente en todas las civilizaciones arcaicas. Se puede enterrar a un hombre bajo los cimientos -los llamados "pilares humanos"-, pero también se puede mezclar su sangre en la tierra o en el agua que después servirá para fabricar ladrillos o tejas.


La práctica del sacrificio humano ha sido demostrada por los arqueólogos. La Biblia sólo habla de ella por boca de Josué (VI, 26) y en el Libro I de los Reyes (XVI, 34), pero es indudable la existencia de reminiscencias de estos ritos en las inmolaciones de gallinas y corderos. La Biblia menciona con cierta frecuencia los sacrificios de toros y ovejas, como cuando David instala en el monte Sión el arca de Yahvé o cuando Salomón inaugura el Templo.


Las construcciones e inauguraciones de los templos han estado rodeadas de ritos muy complejos destinados a sacralizar el lugar. Estando ya exorcizado, este terreno es el lugar concreto donde se debe reconstruir el nuevo templo que sucede al anterior y que se beneficia de las purificaciones antiguas, pues la magia sigue activa".


Reconoce Bayard que; "Ignoramos los motivos que llevaron a escoger un determinado emplazamiento sobre el que los templos se fueran reconstruyendo sucesivamente. Podemos pensar en las corrientes telúricas, pero nuestros antepasados ¿tenían la posibilidad de medir eficazmente esos influjos?" Sobre esas intensidades vibratorias, dice Bayard: "podemos pensar que nuestro cerebro es capaz de registrar informaciones sensoriales de manera intuitiva o telepática; la radiestesia ha materializado, sin duda, un efecto de la polaridad. En los últimos tiempos, muchos grupos han querido estudiar racionalmente las radiaciones emitidas en un determinado lugar y, de hecho, se han concebido diversos aparatos para escuchar la enseñanza de la geografía sagrada. En Suiza existe un Instituto de investigación geobiológica, fundado por Blanche Merz en Chardonne, que ha escrito diversas obras en las que demuestra la importancia de los cursos de agua, principalmente en Chartres y en las rutas de peregrinación. Ya en 1935, Charles Diot había escrito les Sourciers et les monuments mégalithiques (los zahoríes y los monumentos megalíticos), hasta tal punto es cierto que estos monumentos, realmente enigmáticos, parecen ser mojones que señalan corrientes subterráneas. Sin embargo, ignoramos las verdaderas razones que han hecho que un sitio se prefiera a otro (quizá sea la proyección de las constelaciones sobre el terreno, como sugiere Jean Richer). El "alma del lugar" permite erigir diversos templos en el mismo sitio y los fieles experimentan estos influjos, que les proporcionan las mejores condiciones para el recogimiento y la oración, aunque no puedan ser medidos con precisión".


Dice Bayard que "el imago mundi y el simbolismo del centro materializan el mito cosmogónico con su orientación ritual. Todos los edificios religiosos están orientados. Desde las pirámides egipcias y mexicanas hasta los templos hindúes y chinos, en todos ellos encontramos la preocupación por situar el templo en una posición y orientación determinadas.
Como indica Émile Mâle, a partir de las Constituciones apostólicas, la Iglesia romana y católica orienta sus iglesias sobre el eje que va de levante a poniente; el templo toma, a menudo, la forma de cruz latina; el coro se sitúa hacia oriente, mientras que el pórtico se abre hacia occidente.


Todas las iglesias de la antigüedad se abren hacia la parte de poniente, mientras que el coro está orientado hacia el lugar por donde sale el sol en el día del aniversario del santo a quien a sido dedicado el santuario. Todas las iglesias dedicadas a la Virgen están orientadas hacia el punto en que el sol se levanta el 15 de agosto.
La parte norte es la región del frío y según las creencias de las tinieblas, donde reinan y habitan las fuerzas del mal. Sin embargo, según la tradición, Thule es el centro nórdico de excelencia; la nueva religión que ahora se implanta lucha contra la mitológica que venera esta región del polo y que podemos asimilar al Antiguo Testamento; por el contrario, las nuevas revelaciones se efectúan a la luz del Nuevo Testamento y se sitúa en el sur, donde el sol alcanza su apogeo.. El baptisterio se coloca por ello en el lado norte, a la entrada de la iglesia; Y aquel que quiere introducirse en la religión Cristiana como procede del mundo de las tinieblas debe de someterse a un proceso de purificación mediante la acción del Bautismo para asi poder acceder al mundo de la luz. La fachada oeste, que es por donde pasan los fieles, mira hacia el mundo de los muertos, que es el lugar por donde se oculta el sol; esta fachada es decorada con escenas del Juicio Final, un lugar donde puede reposar la cabeza y el cuerpo del que ha dejado este mundo.


Según Fulcanelli: "todas las iglesias tienen el ábside orientado hacia el sudeste; la fachada, hacia el noroeste, y el crucero, que forma los brazos de la cruz, de nordeste a sudoeste. Es una orientación invariable, establecida a fin de que fieles y profanos, al entrar en el templo por Occidente y dirigirse hacia el santuario, miren hacia donde sale el sol, hacia Oriente, hacia Palestina, cuna del cristianismo. Salen de las tinieblas y se encaminan a la luz".


Y Bayard haciendo referencia a la Luz nos dice“simboliza la naturaleza misma de la divinidad. Todas las doctrinas, todos los misterios, todas las iniciaciones, reflejan esta búsqueda de la Luz. Buda es el “Rey de las Cien Luces”, Juan rinde “culto a la Luz”, los francmasones son los “Hijos de la Luz”, lo mismo que los esénios. Esta luz indefectible, citada tanto en el Zohar como en el Corán, el Bhagavad Gita, ha dado origen a esas lámparas inextinguibles que encontramos en las leyendas románicas, pero también en el viaje de San Brendan y en la tumba de Christian Rosenkreutz. La llama brilla continuamente sobre el altar cristiano; es el ritmo primitivo que crea una vibración etérea.


La luz que brilla en las tinieblas representa el Espíritu, la Vida, la transmisión del pensamiento. La luz se eleva por oriente y se pone por occidente; el astro, al renacer, produce la iluminación. El sol, en su recorrido, pasa por el sur, por la plenitud de la vida, y desciende y muere por el oeste, la tierra de los muertos. Así, existe el día y la noche, la luz y las tinieblas, con las transiciones de la aurora y del crepúsculo.
Después de estos tres puntos cardinales –este, sur, oeste- ¿cómo situar el norte? ¿Cómo relacionar nuestra tradición con la estrella Polar tan bien definida por René Guénon? Henry Corbin ha estudiado esta dimensión vertical, que va del nadir al cenit, con su luz del norte. “Sol de medianoche, resplandor de la aurora boreal. Ya no es el día el que reemplaza a la noche, ni la noche la que sucede al día. Es el día el que irrumpe en plena noche y el que convierte en día esta noche que, a pesar de todo, siempre está ahí, pues es una Noche de luz”.
Esta luz está simbolizada por el cirio, la llama. Hay que tener en cuenta que según las sociedades secretas el resplandor de la Luz atraviesa la opacidad del alma. El enigma de la luz, es fuente de la vida espiritual y del conocimiento...

La alquimia
Fulcanelli nos dice: "Edificadas por los Frimasons medievales para asegurar la transmisión de los símbolos y de las doctrinas herméticas, nuestras grandes catedrales ejercieron, desde su aparición, considerables influencias sobre gran número de muestras más modestas de la arquitectura civil o religiosa.


Bayard nos dice que; “los alquimistas asignaron nombres muy particulares a las coloraciones variadas que marcaron sus investigaciones y que reencontramos en los monumentos. El fuego sagrado –agente de la transmutación- actúa sobre la mezcla contenida en el huevo de cristal, el atanor: la materia se vuelve negra al cabo de cuarenta días; es el estadio de la “Cabeza de cuervo” o del “Caos”. La materia toma después una coloración blanca, que significa que la vida ha vencido a la muerte; el blanco señala la unión de lo fijo con lo volátil. A continuación, aparecen colores variados en relación ascendente dentro del espectro luminoso, del violeta al rojo púrpura, coloración definitiva de la obra.
Los tres colores Alquímicos son; el negro, el blanco y el rojo (colores del estandarte o bandera templaria). Estos colores del fuego de Agni, custodiado por los sacerdotes que sostiene un gran cuerno negro. Estos ritmos de transformación crean colores tales como el del pavo real y el fénix o la paloma.


Aunque San Juan Bautista fuera vestido de violeta (simbólicamente), hay que tomar en consideración el negro, que no es el símbolo de la muerte, de la desesperación ni del caos. Osiris fue un dios negro, que tomaba ese color sólo cuando ejercía de juez; Krisna es azul muy oscuro casi negro se podría decir y en la catedral de Saint-Flour existe un Cristo negro, sin duda a imagen de las Vírgenes negras, descendientes de las diosas de la fecundidad.


En la piedra negra de La Meca, el color negro simboliza el bautismo hacia lo superior; con frecuencia asociado al verde, se presenta como sustancia eterna y creadora. Simboliza la divinidad que regenera al hombre en las entrañas de la tierra madre y le comunica una nueva visión del mundo y de la vida: La vida procede de la muerte y de la muerte brota la vida.
Fulcanelli nos dice: (Explicando la colocación y características de iluminación y dimensiones de los rosetones en las Iglesias), "De esta manera se suceden, en las fachadas de las catedrales góticas, los colores de la Obra, según una evolución circular que va desde las tinieblas -representadas por la ausencia de luz y el color negro- a la perfección de la luz rubicunda, pasando por el color blanco, considerado como "intermedio entre el negro y el rojo".En la Edad Media el rosetón central se llamaba Rota, la rueda. Ahora bien, la rueda es el jeroglífico alquímico del tiempo necesario para la cocción de la materia filosofal y, por ende, de la propia cocción. El fuego mantenido, constante e igual, que el artista alimenta noche y día en el curso de esta operación, se llama, por esta razón, fuego de rueda. Sin embargo, además del calor necesario para la licuefacción de la piedra de los filósofos, se necesita un segundo agente, llamado fuego secreto o filosófico. Es este último fuego, excitado por el calor vulgar, lo que hace girar la rueda y provoca los diversos fenómenos que el artista observa en su redoma:


El rosetón representa, pues, por sí solo, la acción del fuego y su duración. Por esto los decoradores medievales trataron de reflejar, en sus rosetones, los movimientos de la materia excitada por el fuego elemental... En la arquitectura de los siglos XIV y XV, la preponderancia del símbolo ígneo, que caracteriza claramente el último período del arte medieval, hizo que se diera al estilo de esta época el nombre de Gótico flamígero.


Ciertos rosetones; tienen un sentido particular que subraya todavía más las propiedades de esta sustancia que el Creador selló con su propia mano. Este sello mágico le dice al artista que ha seguido el buen camino y que la mixtura ha sido preparada según los cánones. Es una figura radiada, de seis puntas (digamma), llamada Estrella de los Magos, que resplandece en la superficie del compuesto, es decir, encima del pesebre en que descansa Jesús, el Niño-Rey". Y termina diciendo Fulcanelli, "este signo tiene el más alto interés para el alquimista -¿acaso no es el astro que le guía y que le anuncia el nacimiento del Salvador?-"...


Hablándonos de las formas, Fulcanelli nos dice que "con raras excepciones, el plano de las iglesias góticas -catedrales, abadías, etc.- adopta la forma de un cruz latina tendida en el suelo. Ahora bien, la cruz es el jeroglífico alquímico del crisol... Según Ducange, en el latín de la decadencia, crucibulum, crisol, tenía por raíz, crux, crucis, cruz.
Efectivamente, es en el crisol donde la materia prima, como el propio Cristo, sufre su Pasión; es en el crisol donde muere para resucitar después, purificada, espiritualizada, transformada. Por otra parte, ¿acaso el pueblo, fiel guardián de las tradiciones orales, no expresa la prueba terrenal humana mediante parábolas religiosas y símiles herméticos? -Llevar su cruz, subir al Calvario, pasar por el crisol de la existencia, son otras tantas frases corrientes donde encontramos un idéntico sentido bajo un mismo simbolismo.


No olvidemos que, alrededor de la cruz luminosa vista en sueños por Constantino, aparecieron estas palabras proféticas que hizo pintar en su labarum: In hoc signo vinces; Y por este signo vencerás. Recordad también, hermanos alquimistas, que la cruz tiene la huella de los tres clavos que se emplearon para inmolar al Cristo-materia, imagen de las tres purificaciones por el hierro y por el fuego. Meditad igualmente sobre este claro pasaje de San Agustín en su Diálogo con Trifón (Dialogus cum Tryphone, 40): "El misterio del cordero que Dios había ordenado inmolar en Pascua -dice- era la figura del Cristo, con la que los creyentes pintan sus moradas, es decir, a ellos mismos, por la fe que tienen en Él. Ahora bien, este cordero que la ley ordenaba que fuera asado entero era el símbolo de la cruz que el Cristo debía padecer. Pues el cordero, para ser asado, es colocado de manera que parece una cruz: una de las ramas lo atraviesa de parte a parte, desde la extremidad inferior hasta la cabeza; la otra le atraviesa las espaldillas, y se atan a ella las patas anteriores del cordero (el griego dice: las manos).


La cruz es un símbolo muy antiguo, empleado desde siempre, en todas las religiones, en todos los pueblos, y se equivocaría quien la considerase como un emblema especial del cristianismo. Diremos incluso que el plano de los grandes edificios religiosos de la Edad Media, con su adición de un ábside semicircular o elíptico soldado al coro, adopta la forma del signo hierático egipcio de la cruz ansada, que se lee ank y designa la vida universal oculta en las cosas. Por otra parte, el equivalente hermético del signo ank es el emblema de Venus o Ciprina (en griego la impura), el cobre vulgar que algunos han traducido por bronce y latón. "Blanquea el latón y quema tus libros", nos repiten todos los buenos autores, impura, en griego, es la misma palabra que azufre el cual, en este caso, tiene la significación de estiércol, excremento, basura. "El sabio encontrará nuestra piedra hasta en el estiércol -escribe el Cosmopolita-, mientras que el ignorante no podrá creer que se encuentre en el oro".


Y es así como el plano del edificio o templo cristiano nos revela las características de la materia prima, y su preparación, por el signo de la Cruz; Teniendo como resultado para los alquimistas la obtención de la Primera piedra angular de la Gran Obra filosofal.

Signos lapidarios y Marcas de cantería
Bayard nos dice que; "Sobre todas estas construcciones se observan marcas y señales que parecen misteriosas; interpretarlas suele excitar nuestra imaginación. Estas marcas no son exclusivas de la construcción medieval; Jean-Flippe Lauer ha observado en el transcurso de las excavaciones que al pie de la pirámide de Keops, en los bloques había numerosos signos, al igual que en la "Tumba de la Cristiana", en Argelia. Generalmente se trata de las marcas dejadas por los obreros que trabajaron a destajo, lo que permite determinar el número de obreros que trabajaron en la construcción. En los castillos y las fortalezas -entre ellas los Krak de Siria- también se ven estas inscripciones.
También hay "marcas de posición", que permiten indicar la posición de la pieza tallada y situar las junturas del armazón, así como el asiento de las piedras. Gracias a este código (números, letras y signos) se pueden situar fácilmente las piezas en el lugar determinado.


Por último, existe una serie de marcas más misteriosas que sólo pueden comprenderse a partir de un estudio simbólico. Estas marcas son particularmente numerosas en las lápidas sepulcrales".


Juan G. Atienza nos dice refiriéndose a las marcas de cantería:
"Según ha pretendido demostrarnos la investigación racionalista, los canteros medievales, con sus marcas sobre la piedra, trataban de establecer una especie de contabilidad para valorar el trabajo cotidiano y cobrar su soldada de acuerdo con la labor realizada. Afortunadamente, en los últimos tiempos se ha ido olvidando esta especie de explicación primaria y ya se celebran congresos y se realizan estudios llenos de seriedad científica donde se reconoce, cuando menos, que estas marcas de identificación de los constructores medievales era algo más que un simple recibo o un mero cómputo de trabajo. Sin embargo, la explicación todavía más corriente entre los actuales estudiosos de estas marcas gliptografías es el reconocimiento de que se trataría de marcas gremiales, adoptadas por las distintas logias de constructores para dar cuenta y razón de su obra; algo parecido a los carteles grabados en piedra en algunos edificios, en los que el arquitecto pone su nombre para que se recuerde quién lo ha construido.

El problema, a la hora de aceptar esta última explicación autorizada, surge cuando se comprueba cómo muchas de estas marcas canteriles coinciden con esquemas plásticos que formaron parte de las preocupaciones del ser humano cuando el hecho de labrar la piedra era algo más que un oficio y se convertía en un acto trascendente, en un mensaje destinado a ser recordado mucho más allá de la vida de su autor. Los petroglifos protohistóricos que se encuentran en las costas atlánticas, atribuidos a los pueblos celtas, aunque seguramente en su mayoría fueron realizados antes de su aparición, son, también contra las explicaciones simplistas de la investigación académica, empeñada en identificarlos con simples relaciones de cabezas de ganado o con esquemas de cualquier artilugio de uso cotidiano, auténticos mensajes en los que algunos de nuestros más remotos ancestros trataron de darnos cuenta de unos conocimientos que todavía no hemos llegado a captar.

Pudo tratarse de saberes astronómicos, de operaciones matemáticas, de mensajes semánticos por los que se comunicaban ideas o incluso creencias, pero sería algo totalmente antinatural pensar seriamente que aquellos antepasados se hubieran dedicado a contar algo tan perecedero como vacas u ovejas valiéndose de una técnica tan absolutamente perenne como es la piedra grabada por el buril. Del mismo modo cae la idea de las piedras de los canteros, supuestamente grabadas para dar cuenta del trabajo cotidiano de cada oficial, cuando habría sido infinitamente más fácil y hasta útil haber realizado aquellas marcas valiéndose de pintura o de carboncillos


Clanes de Escocia

Origen de los clanes

Los orígenes con un fundador mitológico, siempre han sido reivindicados por los clanes, reforzando su posición y status así como una noción romántica y gloriosa de sus orígenes. La mayoría de los más poderosos clanes apuntan a orígenes basados en la mitología celta. Así por ejemplo observamos la rivalidad entre el Clan Donad, que dice descender o bien del rey Conn Cétcathach del Ulster allá por el siglo II después de Cristo, o bien de Cú Chulainn, el legendario héroe del Ulster; y los Campbell que aseguran descender de Diarmaid Torc, personaje enraizado en el ciclo de los Fenianos o de Finn mac Cumall.
Por otra parte, como los MacKinnons o los MacGregors afirman tener un antepasado común en Alpin, misteriosos rey cuyo también misterioso hijo Kenneth mac Alpin, unió los reinos de Dál Riada y los pictos hacia el 844. Sólo una confederación de clanes, como los MacSweens, los Lamont, los MacLeys, los MacLachlan y los MacNeill, los cuales florecieron en Kintyre y Cowal a principios del siglo XII, dicen descender del poderoso rey irlandés del siglo V Niall Noígiallach (de los nueve rehenes). En realidad, los progenitores de los clanes rara vez pueden ser datados con fiabilidad más allá del siglo XI, y la continuidad en los linajes no se produce hasta los siglos XIII o XIV.
La emergencia de los clanes poco tiene que ver con un rasgo étnico, están más asociados a giros políticos y oportunidades basadas en el momento social. La reconquista por parte de la Corona escocesa de las islas occidentales del poder noruego en el 1263, y la pacificación de las rebeliones de Moray en los siglos XIII y XIV, dio las oportunidades para que nobles, señores de la guerra e incluso poderes eclesiásticos, con la ayuda inmediata de sus acólitos, pudieran imponer su dominio sobre familias de estos lugares por vías pacíficas o por la fuerza. Aunque estos nobles y señores de la guerra pudieran ser catalogados como de origen gaélico, sus orígenes se trazan desde raíces gaélico-noruegas, bretonas, e incluso pictas. Incluso la inestabilidad que supuso las guerras de independencia con la Corona inglesa a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, trajeron consigo un debilitamiento del poder de todos estos jefes “gaélicos”, permitiendo el desarrollo de familias y clanes de origen anglo-normando como los Fraser, Chisholm, los Grant y muchos otros.
Otro punto que hizo florecer la cultura de los clanes, también durante las guerras de independencia, fue la introducción por Robert de Bruce de derechos feudales y de títulos de propiedad que concedió a los clanes por sus servicios. Grandes porciones de tierra fueron concedidas por la Corona escocesa a los jefes de clan por su ayuda contra la causa inglesa. Esto produjo que clanes como los MacDonald, fuesen elevados a un rango superior sobre otros como los MacDougall con los que compartían un mismo origen, en Somerled el gran señor de la guerra gaélico-noruego del siglo XII. El subsecuente poderío que alcanzaron los MacDonald como Ceannard nan Eilean o Señores de las Islas durante los siguientes dos siglos, hizo oscurecer el hecho de que, al igual que sus rivales los Campbell, habían conseguido su posición no sólo por el poder de su familia y una asociación de tipo local, sino también por la entrega por parte de la Corona de una influencia territorial. Los clanes se pueden definir entonces como el producto de una asociación de familias o grupos familiares de origen común y del resultado del feudalismo. Este componente feudal, creció y se fortaleció gracias a la ley escocesa que separa la cultura de clan de la cultura tribal; así como lo que históricamente diferencia los clanes escoceses de los grupos aborígenes de África, América o Australia.

La estructura de los clanes
La autoridad del clan
La cultura de los clanes contiene dos conceptos complementarios y a la vez distintos de lo que es patrimonio. La herencia colectiva del clan, su duthchas, era su derecho a asentarse en territorios en los su jefe o la clase dirigente habituaran a dar protección. Este concepto significa que la autoridad del jefe como guardián de la seguridad del clan era aceptada por el resto; éste reconocimiento del jefe es antiguo y es intrínseco al clan. No obstante, la amplia aceptación de los títulos otorgados por la Corona o por otros nobles, señores, jefes de clan o terratenientes se define como su oighreachd, y le confiere un énfasis diferente a la autoridad del jefe. Este concepto se refiere a un patrimonio individual y confiere al jefe el título de propietario de la tierra (posee la tierra como un derecho propio, no como una heredad colectiva del clan). La ausencia de este concepto diferencia a los sistemas de clanes de los irlandeses de los escoceses. Por supuesto los dos conceptos pueden coexistir, y desde los comienzos del sistema de clanes en Escocia, los fine (la élite de los guerreros del clan), pudieron ser propietarios de tierras así como señores de la guerra territoriales.

Los clanes y la ley

Mientras que en la Edad Media el concepto de duthchas prevaleció, la balanza se decantó por el concepto de oighreachd en la época moderna. Este cambio refleja la continua importancia de la Ley Escocesa para conformar la estructura del sistema de clanes. Sumado a la concesión de títulos, la continuidad de la sucesión hereditaria estaba asegurada por la aceptación del primogénito, el tanasite. Este concepto designaba al heredero varón directo del jefe.
Los procesos legales usados en las disputas dentro de los clanes, ya sea de tipo civil o criminal, se realizaban por el arbitraje. Las dos partes presentaban sus casos ante un grupo de nobles del clan, sobre los cuales estaba el jefe de clan. En las disputas entre clanes, los jefes actuaban como procuradores de cada una de las partes ante un consejo formado por la mitad de nobles de uno y otro clan, encabezados por otro jefe de clan o señor vecino. El arbitraje, que no contemplaba apelaciones, era registrado según convenía en la corte real o en otra de un noble superior, y estaba basado en reparaciones más que en retribuciones. La compensación que se daba a la parte agraviada dependía de variables como son la edad, status y responsabilidades familiares de la víctima, así como de la naturaleza del crimen. En pago a la reparación, la parte ofensora o agresora, era indemnizada por cualquier acción de desagravio. Este proceso dependía al final de la buena voluntad en hacer la reparación.

Clanes y lazos sociales

Las formas más importantes de vínculos sociales dentro de los clanes, a parte de los grupos legales, eran la adopción y el arrendamiento. El matrimonio, que reforzaba los lazos entre clanes vecinos así como el parentesco entre diversas familias territoriales, también era un “acuerdo comercial” que involucraba cambios de bienes, dinero y tierras a través de pagos que en el caso de la novia era el tocher, y en el caso del novio la dote. Muchos de estos aspectos fueron reprimidos durante la Reforma.
A la inversa, la adopción, el criar a los hijos de otros nobles, cementó los lazos de tal forma que no era difícil encontrar a medio-hermanos que daban su vida por salvar la vida del otro o del mismo jefe de clan.
La tercera forma de relación era el arrendamiento. De esta forma, familias satélites que no estaban en la nobleza y que se afiliaban para recibir protección territorial. Los vínculos de arrendamiento estaban reforzados por el pago de los “derechos de muerte”. Cuando la cabeza de la familia arrendataria moría, sus familiares tenían que pagar normalmente con la mejor vaca o caballo al jefe de clan en reconocimiento de su protección y como símbolo de la alianza personal. Aunque estos métodos fueron tildados como opresivos por el Parlamento en 1617, la necesidad de protección no pudo ser proscrita por la legislación y el arrendamiento continuó aplicándose.

La administración del clan.

Todos los miembros del clan que vivían en una posición cercana al jefe y a la nobleza del clan, pagaban rentas y el diezmo; aquellos fuera de estas posiciones sólo pagaban el diezmo. Estos pagos, que podían ser en dinero, especias o trabajo, eran canalizados por los recaudadores, baja nobleza que servía como lynch-pins o “linchadores” del sistema de clanes y que daban una tangible fuerza de protección, hospitalidad y de uso de los recursos productivos del clan. Hasta el advenimiento generalizado de la escritura, en el siglo XVI las propiedades del recaudador, eran mantenidas por el jefe de clan y por sus terratenientes de acuerdo a la tradición oral. Su papel era esencialmente el de administradores que tenían la labor de conseguir una suficiencia confortable para granjeros, ganaderos y artesanos así como para la nobleza del clan.
La unidad básica de administración para el recaudador era la baile o la villa, que suponían un mantenimiento de cuatro a dieciséis familias, a las cuales le era asignado una propiedad individual pero trabajaban en la tierra comunal. En este contexto los recaudadores particularizaron su administración: supervisando la recogida de las cosechas y la organización de los movimientos de ganado a pastos de verano.
Su papel de administradores tendió a ser añadido al militar como movilizadores de las huestes del clan. Las fuerzas del clan eran movilizadas durante los periodos estivales que no tenían actividad agraria, para asignar un trabajo a los hombres del clan que de otro modo se dedicarían al pillaje. De este modo, en el mes de Agosto era el tradicionalmente dedicado a las cacerías y los juegos de virilidad, que posteriormente se han convertido en los Juegos de las Tierras Altas. Las movilizaciones militares servían como advertencia a los nobles y clanes vecinos para que frenaran sus posibles ambiciones.
De todas formas, las reuniones de los hombres de clan por razones sociales y recreativas no estaba exenta de un carácter militar, pudiendo (debido a las ingentes cantidades de bebida ingeridas) acabar en desórdenes producidos por motivos de sentido del honor, o por disputas por el rango de algunos individuos.

Los clanes y los Steward.

A pesar del colapso del Ceannard nan Eilean en 1493, la Corona Escocesa bajo control de la casa de Steward desde mediados del siglo XIV hasta comienzos del siglo XVIII, no tuvo una política coherente con el Gaeldom o dominios gaélicos salvo expediciones represoras contra clanes díscolos. Después de la Unión de las Coronas de 1603, Jacobo VI no abandonó este tipo de acciones, al contrario, expropió rigurosamente los bienes de tres clanes (los MacDonald de Kintyre e Islay, a los MacLeod de Lewis y a los MacDonald de Ardnamurchan) y proscribió a otro, los MacGregor. También dictaminó que los jefes de clan y sus nobles deberían permanecer atados por un gobierno local, una política que fue menos restrictiva en tiempos de su hijo Carlos I, cuyo poder político en Escocia se vio eclipsado por el movimiento Covenanter en 1638.

Guerras civiles.

El apoyo de los clanes a los Steward como gobernantes hereditarios de Escocia se basó primeramente en la proyección de valores tradicionales del sistema de clanes en un marco nacional. Los jefes de clan eran los protectores de duthchas como lo eran los Steward de Escocia. Al mismo tiempo el apoyo de los clanes a Carlos I en las guerras civiles de 1640 fue esencialmente reaccionario. Los clanes que se declararon inequívocamente por la causa realista lucharon menos a favor de la ausencia del monarca que contra el movimiento Covenanter, el cuál pidió un apoyo ideológico, financiero y militar a los escoceses sin precedentes. Mucho más acertado sería ver en este apoyo una reacción contra las poderosas casa nobles dominantes, sobre todo aquellas de Argyll y Sutherland, cuyo apoyo a la causa Covenanter escondía ambiciones políticas y territoriales.
Las guerras civiles no dividieron más a los clanes que al resto de Escocia. La religión fue uno de los factores principales de mantener a algunos clanes fuera del Levantamiento Jacobita de 1689. Los esporádicos esfuerzos de las misiones católicas en las Tierras Altas sirvió para solidificar la oposición de los clanes realistas a la destitución de Jacobo VII. Este rey se había ganado el favor de los clanes cuando siendo aún Duque de York, durante el reinado de su hermano, instituyó una comisión para pacificar las Tierras Altas en 1682 que contó con el apoyo de los jefes y los nobles para mantener el orden. Además Jacobo mostró una notable responsabilidad de enmienda en el desagravio que produjo la codicia de la casa de Argyll y de los Campbell en general.

Los clanes y los Jacobitas.

A la muerte de Jacobo en 1701, el apoyo de los clanes a su hijo “el Viejo Pretendiente”, y a su nieto Carlos Eduardo “el Joven Pretendiente”, fue el resultado de la antipatía que causó en Escocia el Tratado de Unión de 1707. Pero como la Unión dejó sobrescrito el establecimiento del Presbiterianismo y a abrió a los escoceses los mercados ingleses e imperiales, esta ganó apoyos en los subsecuentes levantamientos de 1715, 1719 y sobre todo en el de 1745, y así se retomó el carácter de guerras civiles en Escocia. Estas rebeliones estuvieron marcadas por las continuas divergencias de opinión entre los diversos clanes de las Tierras Altas y también de las Tierras Bajas. Baste como ejemplo el decir que el jefe de los Mackintosh del Clan Chattan levantó una compañía de 600 hombres en apoyo de las fuerzas inglesas y que sólo 9 de esos hombres desertaron para unirse al contingente que su mujer levantó en apoyo del “Joven Pretendiente”. El gobierno británico de Londres encontró numerosas dificultades en contrarrestar este levantamiento, en las mismas Tierras Altas, primeramente debido a la barrera lingüística (era una zona gaélico-parlante) y sobre todo por tratarse de un territorio no amistoso con los ingleses.
Cada levantamiento Jacobita fallido fue seguido por una brutal represión contra el sistema de clanes y contra los mismos clanes. El gobierno del rey Guillermo de Orange tuvo mucho que ver en la masacre de los MacDonald de Glencoe en febrero de 1692. Pero lo peor estaba aún por llegar. Después de la desastrosa derrota de Culloden en abril de 1746, el gobierno británico practicó una ataque frontal y directo al sistema de clanes no con un motivo represivo, sino para su total eliminación. Muchos hombres y mujeres fueron desterrados de sus tierras en las Clearances o limpiezas étnicas de las Tierras Altas. Los cautivos jacobitas que sobrevivieron a los duros presidios de Carlisle, York o Londres fueron enviados a las plantaciones americanas o al Caribe. Se eliminó por anacrónico el derecho de los jefes de clan a dispensar justicia y su poder de llamada a las armas. Se prohibió el uso del tratan y el gaélico fue proscrito. El sistema de clanes fue herido de muerte.

Miembros del clan.

La siguiente lista trata de nombrar los distintos miembros y sus respectivos oficios u obligaciones que componían un clan. Estos datos son anteriores a 1745, cuando la vigencia de los clanes era aún total. El número y existencia de todos estos dependía de la importancia del jefe. Los nombres los reflejo con su original en gaélico y un intento de traducción al castellano. Lamento las posibles incorrecciones que puedan encontrar los puristas, pero las traducciones del gaélico lamentablemente aún deben hacerse a través del inglés y no directamente como se debería hacer. No pretendo que sean traducciones rígidas, muchas de estas palabras no tienen una traducción directa ni al inglés ni al castellano, son sólo aproximaciones para que el lector conozca el significado y el sentido que los gaélicos quisieron dar a esas palabras.
La aparición en la forma gaélica de la palabra “an” o “am”, no es otro que el reflejo del artículo determinado “el, la”. Al no haber artículo indeterminado en gaélico, cuando queramos decir “un bardo”o “bardo” usaremos sólo “bard”, en contraposición a “el bardo” o “am bard”.
· Ard Ghillean an-tighe – (nobles o cortesanos): Su número dependía de la importancia del jefe.
· An Seanachaidh – (el genealogista del clan, historiador): En un principio su función estaba asociada al de curandero también. Su deber era mantener y guardar toda la historia del clan, saber las genealogías de los jefes y sus familias; haver las presentaciones del jefe en las asambleas; hablar en las ceremonias de nombramiento de un nuevo jefe, en los nacimientos y en las oraciones de los funerales; y sobre todo, investir al nuevo jefe.
· Am Bard – (el bardo): Fue a veces sinónimo del seanachaidh. Era un cargo generalmente hereditario.
· An Clarsair – (el arpista): Cargo a menudo hereditario.
· Am Mariscal-tighe – (el senescal): En todas las grandes casas había dos senescales, el primero estaba versado en la genealogía del clan y situaba a cada invitado con su varita blanca en su lugar en las reuniones.
· Am Bladier – (el portavoz): Llevaba los mensajes del jefe (que al principio eran orales en vez de escritos). Leía las proclamas del jefe.
· Am Fear Sporain – (el que lleva la bolsa): Era el tesorero.
· Am Fear Brataich – (el abanderado): Llevaba el estandarte del clan. Un cargo hereditario.
· Am Piobaire – (el gaitero): Cargo hereditario.
· An Gille-mór – (el que lleva la espada o la armadura): También llamado el Gallóglach. Su deber era llevar el clogaid o yelmo y la claidheamh-da-laimh o mandoble del jefe. Como la armadura era molesta en las marchas, era su deber llevarla.
· An Gille-coise – (el secuaz): Este cargo era lo más parecido al de guardia personal del jefe. Permanecía armado detrás del asiento del jefe en las reuniones, y si el momento lo requería, aparecía para proteger a su señor.
· An Luchd-tighe – (el guardaespaldas): Este cuerpo lo formaban todos los jóvenes nobles, escogidos de entre los mejores del clan. Estaban bien entrenados en el uso de la espada, la lanza y el arco, y eran diestros en la lucha y la natación. Aquellos que pertenecían a clanes costeros además tenían grandes habilidades en el manejo de botes y embarcaciones o biorlinn. Cuando la residencia del jefe estaba en una isla en medio de un lago o en un crannog o fortaleza de troncos, los luchd-tighe permanecían en tierra firme en barracas manteniendo un cuerpo de guardia para tener un acceso despejado al recinto.
· Am Fear Fardaiche – (el oficial de intendencia): Sus deberes estaban orientados a proveer de refugio tanto a los propios del clan como a los extranjeros que solicitasen cobijo. No tenía tierras, a cambio recibía las pieles de todo el ganado sacrificado en los festivales o que se robaba en los creach o pillajes tan comunes en las Tierras Altas.
· An Cupar o Gille-copain – (el que lleva la copa): Solía haber varios gille-copain dependiendo de la importancia del jefe. Su cometido era el de probar cada copa que se llevara a la mesa. Recibía tierras en título propio de manos del jefe. Era un cargo hereditario.
· An Gocaman – (el celador, el vigía): Permanecía vigilante en lo alto del castillo o fortaleza del jefe.
· An Forsair – (el montaraz): Gracias a sus servicios el señor podía cazar en los claros de los bosques.
· An Gille-cas-fhliuch: Un sirviente cuya obligación era la de llevar a sus espaldas al jefe cuando se vadeaba un río en las marchas a pie.
· An Gille-couston: Era el jefe de las cuadras del clan y cuidaba al caballo del señor.
· An Gille-comhsreang: Un guía que conducía al caballo del jefe en los pasos angostos.
· An Gille-trusairneis: el paje, el cuál tenía a su cargo los caballos de carga.
· An Leic-chneas: Un confidente o consejero privado.
· An Gille-sguain: Se dice que cuando el Señor de las Islas estaba en el poder, el gille-sguain era designado fear sguabhdh dealt, cuyo deber era limpiar el rocío del suelo antes de que pasase su amo.
· An Gille-chlasair – (el ayudante del arpista): Cargaba con el arpa de su señor.
· An Gille phobaire – (el sirviente del gaitero): Llevaba las gaitas y presentaba a su señor ante otros gaiteros. Este ayudante sólo era común en gaiteros de alto rango.
· An Gille-ruith: Un soldado de a pie.
· An Cleasaiche: El bufón del jefe de clan



EL EVANGELIO DE JUDAS

Judas no fue el traidor que vendió a Jesús por unas monedas, sino el discípulo privilegiado al que encarga la misión más difícil, sacrificarlo, según un documento llamado el "Evangelio de Judas", cuya autenticidad se anunció.


CéWashington, 6 abr (EFE).- Judas no fue el traidor que vendió a Jesús por unas monedas, sino el discípulo privilegiado al que encarga la misión más difícil, sacrificarlo, según un documento llamado el "Evangelio de Judas", cuya autenticidad se anunció hoy.

Se trata de un papiro de 26 páginas que fue encontrado en Egipto en 1978 y que ha rodado desde entonces por los círculos de anticuarios, pero cuyo contenido y edad se desconocían.

Hoy, la organización National Geographic dio a conocer los resultados de su restauración y traducción.

Los análisis de carbono 14, la tinta, el estilo de escritura y el contenido han hecho llegar a la conclusión de que se trata de un texto escrito alrededor del año 300.

El códice contiene la única copia del "Evangelio de Judas", en una traducción al copto del original en griego.

Por ello, Terry Garcia, vicepresidente ejecutivo de National Geographic, lo calificó en una rueda de prensa como uno de los tres textos antiguos más importantes descubiertos en el último siglo, junto con los manuscritos del Mar Muerto y los de Nag Hammadi (Egipto).

Se conocía de la existencia del "Evangelio de Judas" por una referencia hecha por el obispo Irineo de Lyon en el año 180 en su tratado "Contra la herejía".

Pero hasta ahora nadie sabía lo que decía. Su mensaje transforma totalmente la figura de Judas Iscariote, que es el prototipo de la traición y la mentira en la Cristiandad.

El libro comienza así: "El relato secreto de la revelación que Jesús hizo en conversaciones con Judas Iscariote durante una semana antes de que celebrasen la Pascua".

En él se pinta a Judas como "el único discípulo que conoce la identidad verdadera de Jesús", según George Wurst, profesor de la Universidad de Augsburg, en Alemania.

No lo traicionó, "sino sólo hizo lo que Jesús le pidió", afirmó Craig Evans, profesor de Nuevo Testamento de Acadia Divinity College, en Canadá. Así, Jesús dice a Judas en el libro: "Tú superarás a todos ellos. Tú sacrificarás al hombre que me recubre".

El texto se encuadra en la tradición de los cristianos gnósticos, que enfatizaban la importancia del conocimiento: gnosis, en griego.

No se trata del concepto actual de conocimiento, sino de un conocimiento espiritual, de lo divino dentro del ser humano, que permite a la esencia de la persona escapar de la prisión del cuerpo y elevarse al espacio celestial.

Por ello, Judas, al entregar a Jesús a la muerte, facilita su salida del cuerpo y la liberación de la divinidad que llevaba dentro, según explicó Wurst.

No es la primera vez que se ha lanzado la hipótesis de que Judas actuó por indicación de su maestro al venderlo con un beso, como refleja la película "La última tentación de Cristo".

Sin embargo, se trata del primer documento antiguo que defiende esta visión.

¿Es plausible lo que dice? Evans recuerda que en dos ocasiones Jesús pidió cosas en privado a dos de sus discípulos, según el Nuevo Testamento, y se pregunta si su entrega a las autoridades judías por parte de Judas no sería una tercera.

"Es posible que el Evangelio de Judas fuera preservado en la memoria y que los otros discípulos no lo supieran", dijo.

Elaine Pagels, profesora de la Universidad de Princeton (EEUU), destaca que los cuatro Evangelios aceptados por el canon cristiano relatan los actos públicos de Jesús, pero no conversaciones privadas.

Sin embargo, no es de esperar que se lea el Evangelio de Judas desde el púlpito en la Semana Santa.

El padre Donald Senior, presidente de la Unión Católica de Teología de EEUU, dijo que este texto no se ancla en ninguna tradición histórica.

A su juicio, usa los personajes de los libros canónicos, pero "es una expresión de una teología específica", la gnóstica, en su concepción del cuerpo humano y la creación, que son muy diferentes a la de los Evangelios aceptados por la Iglesia Católica.

Quién lo escribió es otro misterio. En ningún lugar se dice que fuera Judas, pero eso no debería hacer dudar de su veracidad, pues la autoría de los Evangelios del Nuevo Testamento tampoco está asegurada.

"La mayoría de los textos son escritos en nombre de alguien más famoso", como lo es un discípulo de Jesús, según Marvin Meyer, profesor de la Universidad Chapman, en California.

Pocos hay tan famosos como Judas. EFEsar Muñoz Acebes