VI VERI VENIVERSUM VIVUS VICI


dimanche 4 novembre 2007

Clanes de Escocia

Origen de los clanes

Los orígenes con un fundador mitológico, siempre han sido reivindicados por los clanes, reforzando su posición y status así como una noción romántica y gloriosa de sus orígenes. La mayoría de los más poderosos clanes apuntan a orígenes basados en la mitología celta. Así por ejemplo observamos la rivalidad entre el Clan Donad, que dice descender o bien del rey Conn Cétcathach del Ulster allá por el siglo II después de Cristo, o bien de Cú Chulainn, el legendario héroe del Ulster; y los Campbell que aseguran descender de Diarmaid Torc, personaje enraizado en el ciclo de los Fenianos o de Finn mac Cumall.
Por otra parte, como los MacKinnons o los MacGregors afirman tener un antepasado común en Alpin, misteriosos rey cuyo también misterioso hijo Kenneth mac Alpin, unió los reinos de Dál Riada y los pictos hacia el 844. Sólo una confederación de clanes, como los MacSweens, los Lamont, los MacLeys, los MacLachlan y los MacNeill, los cuales florecieron en Kintyre y Cowal a principios del siglo XII, dicen descender del poderoso rey irlandés del siglo V Niall Noígiallach (de los nueve rehenes). En realidad, los progenitores de los clanes rara vez pueden ser datados con fiabilidad más allá del siglo XI, y la continuidad en los linajes no se produce hasta los siglos XIII o XIV.
La emergencia de los clanes poco tiene que ver con un rasgo étnico, están más asociados a giros políticos y oportunidades basadas en el momento social. La reconquista por parte de la Corona escocesa de las islas occidentales del poder noruego en el 1263, y la pacificación de las rebeliones de Moray en los siglos XIII y XIV, dio las oportunidades para que nobles, señores de la guerra e incluso poderes eclesiásticos, con la ayuda inmediata de sus acólitos, pudieran imponer su dominio sobre familias de estos lugares por vías pacíficas o por la fuerza. Aunque estos nobles y señores de la guerra pudieran ser catalogados como de origen gaélico, sus orígenes se trazan desde raíces gaélico-noruegas, bretonas, e incluso pictas. Incluso la inestabilidad que supuso las guerras de independencia con la Corona inglesa a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, trajeron consigo un debilitamiento del poder de todos estos jefes “gaélicos”, permitiendo el desarrollo de familias y clanes de origen anglo-normando como los Fraser, Chisholm, los Grant y muchos otros.
Otro punto que hizo florecer la cultura de los clanes, también durante las guerras de independencia, fue la introducción por Robert de Bruce de derechos feudales y de títulos de propiedad que concedió a los clanes por sus servicios. Grandes porciones de tierra fueron concedidas por la Corona escocesa a los jefes de clan por su ayuda contra la causa inglesa. Esto produjo que clanes como los MacDonald, fuesen elevados a un rango superior sobre otros como los MacDougall con los que compartían un mismo origen, en Somerled el gran señor de la guerra gaélico-noruego del siglo XII. El subsecuente poderío que alcanzaron los MacDonald como Ceannard nan Eilean o Señores de las Islas durante los siguientes dos siglos, hizo oscurecer el hecho de que, al igual que sus rivales los Campbell, habían conseguido su posición no sólo por el poder de su familia y una asociación de tipo local, sino también por la entrega por parte de la Corona de una influencia territorial. Los clanes se pueden definir entonces como el producto de una asociación de familias o grupos familiares de origen común y del resultado del feudalismo. Este componente feudal, creció y se fortaleció gracias a la ley escocesa que separa la cultura de clan de la cultura tribal; así como lo que históricamente diferencia los clanes escoceses de los grupos aborígenes de África, América o Australia.

La estructura de los clanes
La autoridad del clan
La cultura de los clanes contiene dos conceptos complementarios y a la vez distintos de lo que es patrimonio. La herencia colectiva del clan, su duthchas, era su derecho a asentarse en territorios en los su jefe o la clase dirigente habituaran a dar protección. Este concepto significa que la autoridad del jefe como guardián de la seguridad del clan era aceptada por el resto; éste reconocimiento del jefe es antiguo y es intrínseco al clan. No obstante, la amplia aceptación de los títulos otorgados por la Corona o por otros nobles, señores, jefes de clan o terratenientes se define como su oighreachd, y le confiere un énfasis diferente a la autoridad del jefe. Este concepto se refiere a un patrimonio individual y confiere al jefe el título de propietario de la tierra (posee la tierra como un derecho propio, no como una heredad colectiva del clan). La ausencia de este concepto diferencia a los sistemas de clanes de los irlandeses de los escoceses. Por supuesto los dos conceptos pueden coexistir, y desde los comienzos del sistema de clanes en Escocia, los fine (la élite de los guerreros del clan), pudieron ser propietarios de tierras así como señores de la guerra territoriales.

Los clanes y la ley

Mientras que en la Edad Media el concepto de duthchas prevaleció, la balanza se decantó por el concepto de oighreachd en la época moderna. Este cambio refleja la continua importancia de la Ley Escocesa para conformar la estructura del sistema de clanes. Sumado a la concesión de títulos, la continuidad de la sucesión hereditaria estaba asegurada por la aceptación del primogénito, el tanasite. Este concepto designaba al heredero varón directo del jefe.
Los procesos legales usados en las disputas dentro de los clanes, ya sea de tipo civil o criminal, se realizaban por el arbitraje. Las dos partes presentaban sus casos ante un grupo de nobles del clan, sobre los cuales estaba el jefe de clan. En las disputas entre clanes, los jefes actuaban como procuradores de cada una de las partes ante un consejo formado por la mitad de nobles de uno y otro clan, encabezados por otro jefe de clan o señor vecino. El arbitraje, que no contemplaba apelaciones, era registrado según convenía en la corte real o en otra de un noble superior, y estaba basado en reparaciones más que en retribuciones. La compensación que se daba a la parte agraviada dependía de variables como son la edad, status y responsabilidades familiares de la víctima, así como de la naturaleza del crimen. En pago a la reparación, la parte ofensora o agresora, era indemnizada por cualquier acción de desagravio. Este proceso dependía al final de la buena voluntad en hacer la reparación.

Clanes y lazos sociales

Las formas más importantes de vínculos sociales dentro de los clanes, a parte de los grupos legales, eran la adopción y el arrendamiento. El matrimonio, que reforzaba los lazos entre clanes vecinos así como el parentesco entre diversas familias territoriales, también era un “acuerdo comercial” que involucraba cambios de bienes, dinero y tierras a través de pagos que en el caso de la novia era el tocher, y en el caso del novio la dote. Muchos de estos aspectos fueron reprimidos durante la Reforma.
A la inversa, la adopción, el criar a los hijos de otros nobles, cementó los lazos de tal forma que no era difícil encontrar a medio-hermanos que daban su vida por salvar la vida del otro o del mismo jefe de clan.
La tercera forma de relación era el arrendamiento. De esta forma, familias satélites que no estaban en la nobleza y que se afiliaban para recibir protección territorial. Los vínculos de arrendamiento estaban reforzados por el pago de los “derechos de muerte”. Cuando la cabeza de la familia arrendataria moría, sus familiares tenían que pagar normalmente con la mejor vaca o caballo al jefe de clan en reconocimiento de su protección y como símbolo de la alianza personal. Aunque estos métodos fueron tildados como opresivos por el Parlamento en 1617, la necesidad de protección no pudo ser proscrita por la legislación y el arrendamiento continuó aplicándose.

La administración del clan.

Todos los miembros del clan que vivían en una posición cercana al jefe y a la nobleza del clan, pagaban rentas y el diezmo; aquellos fuera de estas posiciones sólo pagaban el diezmo. Estos pagos, que podían ser en dinero, especias o trabajo, eran canalizados por los recaudadores, baja nobleza que servía como lynch-pins o “linchadores” del sistema de clanes y que daban una tangible fuerza de protección, hospitalidad y de uso de los recursos productivos del clan. Hasta el advenimiento generalizado de la escritura, en el siglo XVI las propiedades del recaudador, eran mantenidas por el jefe de clan y por sus terratenientes de acuerdo a la tradición oral. Su papel era esencialmente el de administradores que tenían la labor de conseguir una suficiencia confortable para granjeros, ganaderos y artesanos así como para la nobleza del clan.
La unidad básica de administración para el recaudador era la baile o la villa, que suponían un mantenimiento de cuatro a dieciséis familias, a las cuales le era asignado una propiedad individual pero trabajaban en la tierra comunal. En este contexto los recaudadores particularizaron su administración: supervisando la recogida de las cosechas y la organización de los movimientos de ganado a pastos de verano.
Su papel de administradores tendió a ser añadido al militar como movilizadores de las huestes del clan. Las fuerzas del clan eran movilizadas durante los periodos estivales que no tenían actividad agraria, para asignar un trabajo a los hombres del clan que de otro modo se dedicarían al pillaje. De este modo, en el mes de Agosto era el tradicionalmente dedicado a las cacerías y los juegos de virilidad, que posteriormente se han convertido en los Juegos de las Tierras Altas. Las movilizaciones militares servían como advertencia a los nobles y clanes vecinos para que frenaran sus posibles ambiciones.
De todas formas, las reuniones de los hombres de clan por razones sociales y recreativas no estaba exenta de un carácter militar, pudiendo (debido a las ingentes cantidades de bebida ingeridas) acabar en desórdenes producidos por motivos de sentido del honor, o por disputas por el rango de algunos individuos.

Los clanes y los Steward.

A pesar del colapso del Ceannard nan Eilean en 1493, la Corona Escocesa bajo control de la casa de Steward desde mediados del siglo XIV hasta comienzos del siglo XVIII, no tuvo una política coherente con el Gaeldom o dominios gaélicos salvo expediciones represoras contra clanes díscolos. Después de la Unión de las Coronas de 1603, Jacobo VI no abandonó este tipo de acciones, al contrario, expropió rigurosamente los bienes de tres clanes (los MacDonald de Kintyre e Islay, a los MacLeod de Lewis y a los MacDonald de Ardnamurchan) y proscribió a otro, los MacGregor. También dictaminó que los jefes de clan y sus nobles deberían permanecer atados por un gobierno local, una política que fue menos restrictiva en tiempos de su hijo Carlos I, cuyo poder político en Escocia se vio eclipsado por el movimiento Covenanter en 1638.

Guerras civiles.

El apoyo de los clanes a los Steward como gobernantes hereditarios de Escocia se basó primeramente en la proyección de valores tradicionales del sistema de clanes en un marco nacional. Los jefes de clan eran los protectores de duthchas como lo eran los Steward de Escocia. Al mismo tiempo el apoyo de los clanes a Carlos I en las guerras civiles de 1640 fue esencialmente reaccionario. Los clanes que se declararon inequívocamente por la causa realista lucharon menos a favor de la ausencia del monarca que contra el movimiento Covenanter, el cuál pidió un apoyo ideológico, financiero y militar a los escoceses sin precedentes. Mucho más acertado sería ver en este apoyo una reacción contra las poderosas casa nobles dominantes, sobre todo aquellas de Argyll y Sutherland, cuyo apoyo a la causa Covenanter escondía ambiciones políticas y territoriales.
Las guerras civiles no dividieron más a los clanes que al resto de Escocia. La religión fue uno de los factores principales de mantener a algunos clanes fuera del Levantamiento Jacobita de 1689. Los esporádicos esfuerzos de las misiones católicas en las Tierras Altas sirvió para solidificar la oposición de los clanes realistas a la destitución de Jacobo VII. Este rey se había ganado el favor de los clanes cuando siendo aún Duque de York, durante el reinado de su hermano, instituyó una comisión para pacificar las Tierras Altas en 1682 que contó con el apoyo de los jefes y los nobles para mantener el orden. Además Jacobo mostró una notable responsabilidad de enmienda en el desagravio que produjo la codicia de la casa de Argyll y de los Campbell en general.

Los clanes y los Jacobitas.

A la muerte de Jacobo en 1701, el apoyo de los clanes a su hijo “el Viejo Pretendiente”, y a su nieto Carlos Eduardo “el Joven Pretendiente”, fue el resultado de la antipatía que causó en Escocia el Tratado de Unión de 1707. Pero como la Unión dejó sobrescrito el establecimiento del Presbiterianismo y a abrió a los escoceses los mercados ingleses e imperiales, esta ganó apoyos en los subsecuentes levantamientos de 1715, 1719 y sobre todo en el de 1745, y así se retomó el carácter de guerras civiles en Escocia. Estas rebeliones estuvieron marcadas por las continuas divergencias de opinión entre los diversos clanes de las Tierras Altas y también de las Tierras Bajas. Baste como ejemplo el decir que el jefe de los Mackintosh del Clan Chattan levantó una compañía de 600 hombres en apoyo de las fuerzas inglesas y que sólo 9 de esos hombres desertaron para unirse al contingente que su mujer levantó en apoyo del “Joven Pretendiente”. El gobierno británico de Londres encontró numerosas dificultades en contrarrestar este levantamiento, en las mismas Tierras Altas, primeramente debido a la barrera lingüística (era una zona gaélico-parlante) y sobre todo por tratarse de un territorio no amistoso con los ingleses.
Cada levantamiento Jacobita fallido fue seguido por una brutal represión contra el sistema de clanes y contra los mismos clanes. El gobierno del rey Guillermo de Orange tuvo mucho que ver en la masacre de los MacDonald de Glencoe en febrero de 1692. Pero lo peor estaba aún por llegar. Después de la desastrosa derrota de Culloden en abril de 1746, el gobierno británico practicó una ataque frontal y directo al sistema de clanes no con un motivo represivo, sino para su total eliminación. Muchos hombres y mujeres fueron desterrados de sus tierras en las Clearances o limpiezas étnicas de las Tierras Altas. Los cautivos jacobitas que sobrevivieron a los duros presidios de Carlisle, York o Londres fueron enviados a las plantaciones americanas o al Caribe. Se eliminó por anacrónico el derecho de los jefes de clan a dispensar justicia y su poder de llamada a las armas. Se prohibió el uso del tratan y el gaélico fue proscrito. El sistema de clanes fue herido de muerte.

Miembros del clan.

La siguiente lista trata de nombrar los distintos miembros y sus respectivos oficios u obligaciones que componían un clan. Estos datos son anteriores a 1745, cuando la vigencia de los clanes era aún total. El número y existencia de todos estos dependía de la importancia del jefe. Los nombres los reflejo con su original en gaélico y un intento de traducción al castellano. Lamento las posibles incorrecciones que puedan encontrar los puristas, pero las traducciones del gaélico lamentablemente aún deben hacerse a través del inglés y no directamente como se debería hacer. No pretendo que sean traducciones rígidas, muchas de estas palabras no tienen una traducción directa ni al inglés ni al castellano, son sólo aproximaciones para que el lector conozca el significado y el sentido que los gaélicos quisieron dar a esas palabras.
La aparición en la forma gaélica de la palabra “an” o “am”, no es otro que el reflejo del artículo determinado “el, la”. Al no haber artículo indeterminado en gaélico, cuando queramos decir “un bardo”o “bardo” usaremos sólo “bard”, en contraposición a “el bardo” o “am bard”.
· Ard Ghillean an-tighe – (nobles o cortesanos): Su número dependía de la importancia del jefe.
· An Seanachaidh – (el genealogista del clan, historiador): En un principio su función estaba asociada al de curandero también. Su deber era mantener y guardar toda la historia del clan, saber las genealogías de los jefes y sus familias; haver las presentaciones del jefe en las asambleas; hablar en las ceremonias de nombramiento de un nuevo jefe, en los nacimientos y en las oraciones de los funerales; y sobre todo, investir al nuevo jefe.
· Am Bard – (el bardo): Fue a veces sinónimo del seanachaidh. Era un cargo generalmente hereditario.
· An Clarsair – (el arpista): Cargo a menudo hereditario.
· Am Mariscal-tighe – (el senescal): En todas las grandes casas había dos senescales, el primero estaba versado en la genealogía del clan y situaba a cada invitado con su varita blanca en su lugar en las reuniones.
· Am Bladier – (el portavoz): Llevaba los mensajes del jefe (que al principio eran orales en vez de escritos). Leía las proclamas del jefe.
· Am Fear Sporain – (el que lleva la bolsa): Era el tesorero.
· Am Fear Brataich – (el abanderado): Llevaba el estandarte del clan. Un cargo hereditario.
· Am Piobaire – (el gaitero): Cargo hereditario.
· An Gille-mór – (el que lleva la espada o la armadura): También llamado el Gallóglach. Su deber era llevar el clogaid o yelmo y la claidheamh-da-laimh o mandoble del jefe. Como la armadura era molesta en las marchas, era su deber llevarla.
· An Gille-coise – (el secuaz): Este cargo era lo más parecido al de guardia personal del jefe. Permanecía armado detrás del asiento del jefe en las reuniones, y si el momento lo requería, aparecía para proteger a su señor.
· An Luchd-tighe – (el guardaespaldas): Este cuerpo lo formaban todos los jóvenes nobles, escogidos de entre los mejores del clan. Estaban bien entrenados en el uso de la espada, la lanza y el arco, y eran diestros en la lucha y la natación. Aquellos que pertenecían a clanes costeros además tenían grandes habilidades en el manejo de botes y embarcaciones o biorlinn. Cuando la residencia del jefe estaba en una isla en medio de un lago o en un crannog o fortaleza de troncos, los luchd-tighe permanecían en tierra firme en barracas manteniendo un cuerpo de guardia para tener un acceso despejado al recinto.
· Am Fear Fardaiche – (el oficial de intendencia): Sus deberes estaban orientados a proveer de refugio tanto a los propios del clan como a los extranjeros que solicitasen cobijo. No tenía tierras, a cambio recibía las pieles de todo el ganado sacrificado en los festivales o que se robaba en los creach o pillajes tan comunes en las Tierras Altas.
· An Cupar o Gille-copain – (el que lleva la copa): Solía haber varios gille-copain dependiendo de la importancia del jefe. Su cometido era el de probar cada copa que se llevara a la mesa. Recibía tierras en título propio de manos del jefe. Era un cargo hereditario.
· An Gocaman – (el celador, el vigía): Permanecía vigilante en lo alto del castillo o fortaleza del jefe.
· An Forsair – (el montaraz): Gracias a sus servicios el señor podía cazar en los claros de los bosques.
· An Gille-cas-fhliuch: Un sirviente cuya obligación era la de llevar a sus espaldas al jefe cuando se vadeaba un río en las marchas a pie.
· An Gille-couston: Era el jefe de las cuadras del clan y cuidaba al caballo del señor.
· An Gille-comhsreang: Un guía que conducía al caballo del jefe en los pasos angostos.
· An Gille-trusairneis: el paje, el cuál tenía a su cargo los caballos de carga.
· An Leic-chneas: Un confidente o consejero privado.
· An Gille-sguain: Se dice que cuando el Señor de las Islas estaba en el poder, el gille-sguain era designado fear sguabhdh dealt, cuyo deber era limpiar el rocío del suelo antes de que pasase su amo.
· An Gille-chlasair – (el ayudante del arpista): Cargaba con el arpa de su señor.
· An Gille phobaire – (el sirviente del gaitero): Llevaba las gaitas y presentaba a su señor ante otros gaiteros. Este ayudante sólo era común en gaiteros de alto rango.
· An Gille-ruith: Un soldado de a pie.
· An Cleasaiche: El bufón del jefe de clan



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